LA VELETA
Rajoy pide fe al PP 1397124194
UNA CONFIANZA mil veces solicitada suele aumentar la desconfianza preexistente, y aunque este no sea ahora el caso de Rajoy, se le parece bastante. Rajoy glosó ante los parlamentarios andaluces del PP los resultados electorales del 9-M como los mejores alcanzados por su partido en la historia, lo que es cierto desde un punto de vista cuantitativo, pero no desde el cualitativo, porque las derrotas carecen de calidad política. Así y todo, como Rajoy pide y pide que se confíe en su sensatez parece lógico que saque a relucir lo menos negativo o, incluso, lo positivo de la última experiencia electoral. Cuando Rajoy habla de su responsabilidad no se refiere a la que pudiera corresponderle por la derrota de su partido, de la que él se ha declarado inocente, sino a su solvencia moral para hacer frente a los problemas del PP, y solucionarlos. Más que confianza, Rajoy pide fe, pues a cambio de que se crea en él no ofrece nada, pues no sólo se niega a revelar el nombre de su candidato a la secretaría general, lo que en estas circunstancia parece razonable, porque hay dirigentes populares y medios impacientes por disparar contra dos, después de mes y medio disparando contra uno solo, sino que ni siquiera desliza una sugerencia sobre si el futuro del partido va a repetir el pasado o si hay oculta alguna novedad estratégica o ideológica que pudiera interpretarse como una renovación, al margen de las laminaciones ya efectuadas en el ámbito parlamentario. Tiene derecho Rajoy a mantener en secreto sus propósitos, pero también la militancia del PP, incluidos los pendientes de alguna prebenda, puede sentirse autorizada a desconfiar del futuro que Rajoy todavía oculta. No favorece a Rajoy el hecho de que no ha dado en ningún momento testimonio personal de discrepancia con quienes le han venido marcándole el paso durante la legislatura pasada, por lo que un giro de timón en el partido hacia zonas políticamente más templadas no es precisamente la hipótesis más manejada. Y cuando no hay testimonio personal, la fe no es exigible, y menos en política, donde no sólo la palabra suele tener un valor circunstancial sino también la duración de las lealtades es tan relativa como el tiempo. Esto lo sabe Rajoy, por lo que debió pedir algo más de paciencia para que se le deje andar a su propio ritmo. Petición que en las alturas del PP varios dirigentes ya le han denegado.