Diario de León
Publicado por
FEDERICO ABASCAL
León

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YA HABÍA demostrado ETA que tiene al menos tantas cabezas como rabos de repuesto una lagartija, y ese fenómeno que suele darse en las organizaciones humanas/inhumanas dedicadas al terrorismo relativiza el efecto de las decapitaciones que viene sufriendo la banda asesina. Y el juego de cambios de protagonista que practicó ETA al final de sus conversaciones con el Gobierno en la pasada legislatura, sustituyendo sin previo aviso el capo López al capo José «Ternera» como máximo interlocutor de la banda, sugiere no sólo que en el organigrama etarra hay dirigentes de recambio sino también que cada facción tiene su cabecilla. López Peña, apresado anteanoche en Burdeos, sería el cabecilla del sector más duro, si fuera cierto que a él se debe la ruptura de la tregua y el atentado doblemente mortal de la T-4. La caída de López, considerado por el ministro Rubalcaba «la persona con más peso político y militar de la banda terrorista ETA» se ha recibido en el PNV sin echar las campanas al vuelo, pues mientras Joseba Azkárraga decía que debe esperarse «para ver la magnitud de la operación» policial, el portavoz parlamentario Erkoreka, sin reducir la importancia de las detenciones, que podrían «ser relevantes y probablemente decisivas», confesó que él creía que los importantes eran otros. Pero lo bueno de estos golpes a ETA, aunque no lleguen a rendirla, es, por un lado, la desconfianza creciente de los comandos en su propia seguridad y, por otro, el estímulo a la esperanza de la sociedad sobre un fin policial de la banda. En el apartamento de las afueras de Burdeos donde fue detenido López estaban también, y han sido detenidas, tres personas que caracterizarían la estrechísima afinidad con ETA de la izquierda aberzale, en la que resulta cada vez más frecuente que una misma persona sea alto responsable o capo de ETA e inocente aspirante a una concejalía municipal, Ainoa Ozaeta fue concejal y Jon Salaberría nada menos que parlamentario. El otro detenido, Igor Superviola participó en las algaradas callejeras de Jarrai, y de Haika obviamente, antes de integrarse en el organigrama de ETA. Lo más espectacular, sin embargo, fue ver a Iosu Ternera como parlamentario vasco en la comisión de Derechos Humanos del Parlamento de Vitoria. Esta última operación policial autoriza a imaginar que la eficacia de los esfuerzos policiales conjuntos hispano-franceses es más que espada de Damocles sobre las cabezas etarras, una amenaza de guillotina permanente para los pistoleros y capos de la banda.

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