Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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TODO ANÁLISIS de la renuncia de María San Gil a su escaño parlamentario y a la dirección del PP vasco exige, como punto de partida, reconocer su gran valía humana y política, pues no es lo mismo jugártela en aquellas tierras que en el barrio de Salamanca. Sin embargo, cabe preguntarse si su innegable carisma no ha podido volverse contra ella, si no la ha traicionado el ímpetu. Cuesta aceptar que Rajoy tenga planteamientos sobre los nacionalismos que no puedan ser asumidos por ambos, salvo los lógicos matices que diferencian a las personas con voz propia. ¿Qué valores van a traicionarse, qué esencias programáticas peligran que justifiquen tal golpe de efecto, tan desconcertante para la militancia y la opinión pública? Si el PP no consigue el respaldo electoral mayoritario de la sociedad vasca, y aunque deban ser considerados más parámetros que únicamente los votos conseguidos, parece razonable revisar planteamientos, sobre todo cuando en ningún momento se ha desautorizado a quienes vienen trabajando más allá de todo esfuerzo exigible. Afirma que «ya no se fía de Rajoy». De haber ganado las elecciones ¿hubiese confiado? Decir lo que se piensa no implica tener razón, ni aunque se actúe en consecuencia. Qué frágiles son las relaciones políticas cuando no hay poder que repartir; al menos, no para todos. Muchos estarán preguntándose quiénes son los suyos. Tal como hemos venido manteniendo en las últimas columnas es legítimo discrepar, incluso ser abiertamente contrario, pero en esta crisis hay algo siniestro, más relacionado con la supervivencia de unos clanes frente a otros que con diferencias ideológicas entre compañeros de partido. Lástima, porque la gran noticia, de la que todos deberíamos estar hablando, es la detención de la cúpula de ETA.

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