Diario de León
Publicado por
VICTORIA LAFORA
León

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LA ESPAÑA de charanga y pandereta sigue vigente hoy, hermanada con esa otra España del AVE y de la globalización y del móvil y de Internet. Caminan tan juntas, tan de la mano, que a veces resulta imposible diferenciarlas, porque una está encastrada en la otra, parasitándola. El Ayuntamiento de Morón de la Frontera, y más concretamente de su alcalde Manuel Montilla, ha dado un claro ejemplo de esa convivencia. Un Ayuntamiento moderno, de una ciudad moderna, con oficina virtual en la red y cuyo regidor se comunica con sus convecinos mediante su página web, ha nombrado alcaldesa de honor a la Virgen Maria Auxiliadora; y lo ha hecho en una sesión en la que el fanatismo religioso, la intolerancia y la falta de respeto han quedado patentes en unas imágenes que avergüenzan tanto a creyentes como a no creyentes y, sin duda, a la mayoría de los militantes del PP, al que pertenece el alcalde Manuel Montilla, que no podrán dejar de ver en ese acto el reflejo de uno de sus principales problemas: la de un partido moderno y democrático, parasitado por un grupo, no demasiado concreto ni demasiado definido, que da muestras de añorar las prácticas de otros tiempos en que la religión y la política se mezclaban hasta el punto de confundirse. Eso está muy bien y es muy respetable, faltaría más, como dice Rajoy, pero hacer que la Virgen se alcaldesa o capitana de la tropa aragonesa forma parte de esa cultura añeja y desfasada que deberíamos desalojar de nuestras vidas y de nuestras costumbres. El Partido Popular debería desalojar de su seno a quienes lo parasitan confundiendo su verdadera identidad. El alcalde de Morón de la Frontera no es digno de pertenecer a un partido democrático, y quienes dentro del PP se identifiquen con él, defiendan su postura, sus burlas y silbidos a los concejales disidentes, no hacen más que lastrar las posibilidades futuras del partido. Es hora de definirse, de decidir donde se está realmente, si en la modernidad y la democracia o junto a los cernícalos que se sentían muy a gusto con el franquismo y sus modales. Porque hay que sumar, pero sumar no implica aceptarlo todo.

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