NUBES Y CLAROS
Ahorro gota a gota
CORRIENDO esta mañana me ha salpicado el ojo, en sentido literal, una cuestión de la que no pretendo hacer sangre, pero sobre la que me parece necesaria la reflexión. Será una cuestión puntual, porque mi capacidad de observación en cuestiones urbanas es limitada, y sobre todo porque no pretendo hacer sombra a quien desde hace años vigila metro a metro la ciudad y su cuidado. Camino Gallego, compañera, concienzuda, meticulosa y muy amiga de conservar lo que se tiene hasta el límite (algún día les hablaré de un legajo de teléfonos de «servicio periodístico» conocido como el incunable ), ha sido látigo de no pocos concejales de Urbanismo y será hasta el final vigía incorruptible de la cosa pública. Pero, en fin, como decía hoy la cuestión me ha salpicado y he de darme por aludida. Está el Ayuntamiento en política de ahorro, cosa que se agradecería incluso si no le hubiera llegado el agua al cuello. Pero está, que al fin y a la postre es lo importante. Tanto ahorramos que ni luces tenemos en las fiestas patronales, cosa que no me parece censurable aunque a mi la luminaria festiva me presta, para qué voy a decir otra cosa. Lo agradecerán las arcas municipales y el medio ambiente. Como agradecería también la reducción del consumo de agua. Así que, qué sentido tiene regar un jardincillo de un metro de ancho, y muchos de largo, con cientos de aspersores que inundan un 1% de césped y un 99% de carretera y aceras colindantes. La calle que pasa por el polideportivo Salvio Barrioluengo era en la mañana de ayer una piscina, descubierta, con gran profusión de agua saliendo en todas direcciones para hacer el boca a boca a unas paupérrimas hierbitas atrapadas entre bloques de cemento. Seguro que hay sistemas tan refrescantes, pero no tan derrochones.