Diario de León
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PEDRO VICENTE
León

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TRAS la publicación de las llamadas «balanzas fiscales», el Gobierno y las comunidades autónomas abren hoy la negociación sobre el nuevo modelo de financiación autonómica, o lo que es lo mismo, la fórmula para repartir los dineros del Estado destinados a las autonomías. El documento de partida presentado por el vicepresidente Solbes ha tenido la virtud de no contentar a nadie, ni a las comunidades «ricas» -se entiende por tales aquellas en las que se recauda más de lo que se gasta- ni a las «pobres», en las que se da la situación inversa. (Dicho sea sin que se moleste Rodríguez Ibarra, quién a propósito de esta distinción entre regiones ricas y pobres contestó al grito de «¡Pobre lo será tu padre!», como si alguien le hubiera mentado al progenitor). El hecho es que Cataluña, punta de lanza de las comunidades con «superávit», ha mostrado su absoluta disconformidad con ese documento inicial del Gobierno. La propuesta tampoco satisface las expectativas del bloque de comunidades «deficitarias», que aspiran a que se ponderen más y mejor factores como la dispersión territorial y el envejecimiento de la población. Especialmente duro se ha mostrado Juan Vicente Herrera, quién ha hablado de «documento-trampa» y de «engañifa», arremetiendo con inusual virulencia contra Solbes. Algún punto de equilibrio, pienso yo, que contendrá la propuesta gubernamental cuando no satisface a ninguno de los dos bloques enfrentados, entre los que por cierto se entremezclan gobiernos autónomos de distintos color político: por un lado, Cataluña, Valencia, Madrid y Baleares; por otro, casi todos los demás. En todo caso se trata del habitual tira y afloja que se ha producido en toda y cada una de las ocasiones en que ha tocado revisar el sistema de financiación autonómica. La experiencia demuestra que al final las discrepancias se superan mediante soluciones de compromiso con fórmulas compensatorias que permiten a todos salvar la cara. Pese a que la coyuntura autonómica apenas deja margen para incrementar el tamaño de la tarta, Zapatero ya ha anunciado que todas saldrán ganando. Él sabrá cómo. Lo que veo harto difícil es que prospere la aspiración de la Federación Española de Municipios y Provincias, que, al socaire de esta negociación, pretende que se aborde simultáneamente el problema de la financiación municipal. Si hay unas administraciones públicas con m anifiesta «insuficiencia financiera» esas son las administraciones locales, que arrastran un déficit estructural acumulado desde la transición, cuando comenzaron a incrementar su catálogo de prestaciones y servicios sin recibir ni de Madrid ni de las autonomías suficientes dotaciones presupuestarias para ello. Ese déficit estructural, combinado en ocasiones con una notable falta de rigor en el gasto, ha conducido a agujeros financieros municipales como los que padecen, sin ir más lejos, ciudades como León o Salamanca. Pero apañados están los ayuntamientos si creen que la solución a ese problema va a venir de las comunidades autónomas, cuya voracidad para reclamar competencias y recursos del Gobierno central es tanta como su cicatería a la hora de transferir o delegar en las administraciones locales.

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