Diario de León
Publicado por
ANTONIO PAPELL
León

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ETA ha vuelto este año por sus fueros con la habitual campaña de verano, encaminada a disuadir al turismo y lesionar los intereses españoles en este sector económico vital. Lo ha hecho en Cantabria, y mediante artefactos de escasa potencia, lo que indica a las claras que su capacidad «militar» es escasa, pero el hecho es altamente significativo dado que desmiente a las claras la declaración tácita de una «minitregua» en torno a la pretendida consulta de Ibarretxe, o, mejor dicho, al proceso de hostigamiento al Estado que ha emprendido el lendakari vasco. La filtración de tal especie, proveniente de medios nacionalistas, ha sido, pues, una falsedad. La reanudación de la actividad terrorista por parte de ETA parece en principio una contradicción con la actitud del Partido Comunista de las Tierras Vascas (EHAK), que cedió uno de sus votos al tripartito para que éste pudiera sacar adelante la ley de la consulta, ya suspendida por el Tribunal Constitucional. Pero en el fondo no hay tal: ETA jamás aceptaría una solución política del problema que viniera de la mano del PNV. Aunque sus pretensiones carezcan de sentido porque están desconectadas de la realidad, es evidente que la organización terrorista aspira a doblegar al Estado por sí misma y no con el auxilio de los «tibios» que juegan a la democracia en las instituciones. Pues bien. Supongamos, haciendo una abstracción, que el lehendakari no hubiese encontrado impedimento para celebrar su referéndum en octubre. En el fondo, se dirimiría en él el derecho de autodeterminación, la marcha del País Vasco hacia una posición excéntrica y al margen de la Constitución. Lógicamente, deberían hacer campaña en pro y en contra sus partidarios y sus detractores, respectivamente. ¿Podría hablarse entonces de igualdad de oportunidades para las dos opciones? ¿No forzaría ETA con su amenazante vigilancia el desistimiento de quienes son partidarios de mantener el statu quo y se oponen por tanto al independentismo etarra? ¿No sería evidente una llamativa asimetría en la polémica, con los unos en el punto de mira de las metralletas y los otros arropados por ellas? La huida hacia ninguna parte de Ibarretxe, que no tiene otro objetivo que asegurarse su candidatura personal a las próximas elecciones autonómicas. El PNV tiene, en definitiva, la palabra. Porque es muy probable que si persiste en este error, el desastre electoral del nacionalismo democrático en las próximas elecciones autonómicas sea incluso superior al que ya le presagian las encuestas.

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