CRÓNICAS BERCIANAS
Pecados capitales y de pueblo
A LOS concejales del PP en Gijón parece que les han pillado con el culo al aire gracias a unas grabaciones de un ex colega en las que demuestran lo mucho que les interesa el bien común. Los ediles en cuestión, que llevan más años en la oposición que Matusalén y por lo pardillos que son aún estarán bastantes más, reflexionan sobre lo mal que les va a seguir yendo mientras la ciudad brille y se llene de proyectos. Dichas conversaciones, sin embargo, no deberían sorprendernos. Sólo revelan fehacientemente que lo de la preocupación del político por el bienestar del administrado es una gran superchería con carácter general, y que lo de que el hombre es bueno por naturaleza es una enorme pamplinada ilustrada. La oposición socialista en Ponferrada lleva más de una década amargada con cada parcela que el gobernante de turno vendía en La Rosaleda para costear glorietas y paseos de pulcro granito por doquier. Y cada bandera verde que ha ganado la ciudad por su aseo ha sido en realidad como una banderilla de fuego para los antagonistas de Álvarez antes y de Riesco ahora. Políticamente puede considerarse un comportamiento tan bochornoso como suicida. Pero es natural en el ser humano. ¿O alguno cree todavía que las críticas del PP al megalomano proyecto original de la Ciudad de la Energía tenían mucho que ver con la responsabilidad pública? Lo que escondían verdaderamente era el pavor de los populares a que la quimera de los ocho mil empleos pudieran hacerse realidad. Porque entonces alguno ya podía empezar a hacen mudanza en el despacho. Lo de los corporativos populares de Gijón o la de los socialistas ponferradinos tiene un nombre común. Es envidia. Y en política resulta un ácido corrosivo para los grupos en la oposición, porque perjudica seriamente la capacidad de raciocinio y llega a confundir de tal modo que cuando el afectado contempla a un grupo de ciudadanos bulliciosos en torno a una fuente recién inaugurada se imagina que están descojonándose del alcalde por lo mal que lo ha hecho. Así que la oposición en Ponferrada, que no hace más que cambiar el banquillo, debe estar esperando ahora que la crisis se lleve por delante el modelo de financiación que el PP ha desarrollado en los últimos años a costa de una exitosa venta de suelo aprovechando la época de las vacas locas inmobiliarias. Y puede que tenga suerte por todo los contrario. Porque Riesco persiste en ejecutar superproyectos como el del parque de la Juventud pese al reventón de la burbuja. La obstinación del primer edil ponferradino tiene que ver mucho con otro pecado capital. Pero éste se suele llevar por delante a los gobernantes. Se llama soberbia y ocluye asimismo los sentidos. Aznar, por ejemplo, creía que los cientos de miles de manifestantes contra la guerra de Irak eran simpáticos voluntarios en busca de las armas de destrucción masiva. Se contagia por vía rectal. A través del contacto excesivo del culo con la poltrona. Zapatero exhibe síntomas. Dicen que piensa que las medallas de oro que se conquisten en Pekín son canjeables por dos puntos menos en el «uríbor» y por vales descuento en Carrefour para combatir la inflación.