EN POCAS PALABRAS LETRA PEQUEÑA
Crisis y antidepresivos Encuestas
SEGÚN la British United Provident, la principal aseguradora privada de salud del Reino Unido, en la City de Londres, el mayor distrito financiero de Europa, el número de trabajadores que buscaron ayuda por depresión y estrés aumentó un 47% en los últimos tres meses. Un 58% de los trabajadores del sector afirman que en el último año han visto a algún compañero llorar. Y el consumo de fármacos contra la depresión y para mejorar la concentración -Ritalin, Adderall, Vicodin y Oxycontin- se ha disparado en Wall Street, el centro financiero de Nueva York. En España parece que aún no se ha llegado a la situación extrema de Londres y Nueva York, bien porque la crisis de crédito no ha afectado a nuestro mercado de forma directa o bien porque la industria local está más enfocada al asesoramiento que a la venta de productos. Eso sí, los profesionales españoles del sector coinciden: están viviendo el peor año de su carrera. ALGUNAS encuestas sobre la crisis económica son francamente tramposas, intencionadamente o no. En aquel caso, hay malicia; en éste, falta de profesionalidad. Si la pregunta del encuestador es sobre la coyuntura actual, resulta absurdo que se ofrezca un abanico de resultados: el 78% cree que es mala; el 12% piensa lo contrario; el 10% no tiene opinión (es una encuesta recién publicada en prensa). No es creíble en absoluto que 12 de cada cien ciudadanos no se hayan percatado de la crisis. No es ni siquiera creíble que uno solo de los encuestados de la muestra -en un sondeo especializado en economía- deje de acusar la mala situación, que ya no es un hecho subjetivo. El uso malicioso de la sociología aplicada es un mal de nuestros días que los propios expertos deberían denunciar. El ejemplo más clásico es éste: si usted pregunta a la sociedad literalmente si quiere o no pagar impuestos, le responderá masivamente que no. Y sin embargo, si preguntáramos de otra manera, veríamos que la inmensa mayoría de los ciudadanos de un país civilizado desea que el Estado siga garantizándole los estándares de esta civilización.