Publicado por
MARÍA TERESA RICO GONZÁLEZ
León

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EN ESTOS ÚLTIMOS DÍAS he podido leer distintosy espeluznantes relatos sobre el cruel destino de millones de niñas en el mundo, sobre todo en el continente asiático y de manera especial en el continente africano. Sabemos del destino de innumerab les niñas en China y la India, entre numerosos lugares del mundo; según sus familias no sirven para nada, son un estorbo, sólo ocasionan gastos, son propiedad de otros y quieren hijos varones para que los cuiden cuando sean ancianos. Hemos visto el reportaje de la madre más anciana del mundo, Omkari Panwar, india de 70 años, que por fin, tras endeudarse y arruinarse, ha dado un hijo varón a su marido. Han sido gemelos, niño y niña, pero para el padre, inmensamente feliz, sólo existe el hijo. En India se calcula que se abortan al año medio millón de fetos por el hecho de ser niñas y en muchas aldeas se hace una selección hasta que nace el ansiado varón. De todas formas, cuando llegan a nacer, la mayoría de las veces su destino es el hospicio, abandono en calles o selvas próximas a las aldeas y si sobreviven, un incierto destino. En países como Yemen, con 8, 9 ó 10 años, sin saber nada de la vida, son sacadas de su casa a la fuerza por su padre, casadas con hombres de 30, 35 ó 40 años, forzadas y apaleadas por sus maridos pues dicen que a esa edad tan temprana se pueden moldear a su gusto y ser dóciles y obedientes en todo. Preguntado algún padre por qué trata así a su hija, contesta que si el profeta Mahoma se casó con una niña de 9 años, porqué no pueden seguir haciendo ellos lo mismo y como es de su propiedad, puede hacer con ella lo que quiera, incluso partirla en dos y no pasaría nada. En una zona de Kenia, Kuria, que posiblemente no sea la única, aunque está prohibida esta práctica ancestral, se sigue mutilando a las mujeres. Sin condiciones higiénicas y por ello muchas fallecen; sin anestesia y no pueden quejarse del terrible dolor que supone el corte en la zona genital con una cuchilla puesto que sería una deshonra para su familia y si se niegan, son apartadas de la tribu y condenadas al exilio. Dicen los hombres de la tribu de Kuria que lo hacen para evitar que mantengan relaciones sexuales con otros hombres. En cambio ellos pueden disfrutar libremente del placer que niegan a sus mujeres. Ya diría yo lo que le cortaríamos a ellos. También está prohibida esta práctica en Egipto, pero nos enteramos que una médico egipcia, estando de vacaciones practicó más de 60 ablaciones genitales. Yo le preguntaría a esta «supuesta» doctora: ¿Era necesario ir a la Universidad para terminar realizando esos rituales?. Se supone que su cometido es el contrario y si usted tuvo la desgracia de pasar por ese trance, con mayor motivo debía ayudar a todas las jóvenes que pudiera. Su mente debería estar mucho más abierta, pero por lo visto no es así. No sé si han leído en XL Semanal n.° 1.079 el magnífico artículo titulado «Afganistán, la isla de las niñas perdidas»; trata de la imposición del burka a las niñas al cumplir 14 años, aprisionarlas en una cárcel de tela y terminar así con su derecho a soñar. Se preguntarán igual que yo si vivimos realmente en el siglo XXI. Nosotros tenemos cómodos y potentes vehículos que circulan por autovías y autopistas, trenes de alta velocidad, rápidos aviones. Con estos medios de locomoción podemos recorrer grandes distancias en un período de tiempo relativamente corto. Gracias a Internet podemos seguir las noticias que suceden en cualquier parte del mundo casi al instante. Disfrutamos de grandes avances médicos, sociales, tecnológicos que hacen más llevaderas las tareas cotidianas. A pesar de tener todos los medios a nuestro alcance, nos parece insuficiente, nos quejamos continuamente y, por supuesto no miramos a nuestro alrededor para ver las miserias, que son muchas, de los demás. Se nos llena la boca con las palabras progreso, libertad, independencia, pero todo se queda ahí. La famosa y tan manida Ley de Igualdad y Oportunidades, sólo contempla nuestro entorno y queda muerta en su título. Este Gobierno socialista, que presume de tener más mujeres que hombres en su equipo, piensa que así es más progresista, más avanzado, más humanizado, más sensible, pero la mayoría de las mujeres comprobamos con pena que siguen diciendo y haciendo las mismas tonterías de siempre. ¿Acaso se han preocupado en alguna medida por las mujeres extranjeras, sobre todo musulmanas que viven en nuestro país? Cuando digo mujeres me refiero a todas sin excepción, pero recalco que principalmente merecen atención especial las niñas y jóvenes adolescentes. Siguen efectuándose aquí, a nuestro lado, ablaciones del clítoris, bodas concertadas entre niños, imposición de llevar velo, poder absoluto del hombre... En numerosos casos estas niñas crecen con las nuestras, con una relativa libertad, pero cuando alcanzan la pubertad, pierden la capacidad de decidir sobre su futuro (si la han tenido en algún momento) y son entregadas a personas que no conocen a cambio de prebendas y llevadas nuevamente a sus países de origen; no sucede siempre, pero sí en la mayoría de los casos. Les permitimos probar la miel, pero después no hacemos absolutamente nada para que sus vidas sean un poco más dulces. Yo recomendaría a nuestras ministras, secretarias de Estado y a la vicepresidenta del Gobierno, doña María Teresa Fernández de la Vega que miraran detenidamente las fotos de dicho artículo, las caras serias de estas niñas, sus tristes miradas y que pensaran un poco en su penoso futuro. Dice Rosa Díez en su comentario que debajo del burka no se puede reír, todo el esfuerzo es para respirar, pero yo pregunto ¿hay algún motivo de alegría debajo de esa tela áspera, burda, sofocante, pesada que te obliga a ver el resto de tu vida a cuadritos pequeños?. Dicen que conlleva también una pérdida progresiva de visión, quizás sea un «consuelo» para lo que tienen que ver. El único motivo que tienen para seguir viviendo es el cuidado de los hijos, pero sigue siendo la pescadilla que se muerde la cola. Si son niñas tendrán el mismo futuro que sus madres, abuelas, tías... Si son niños serán hombres opresores como sus antepasados. Pensaremos: ¿qué pueden hacer las mujeres españolas que ocupan altos cargos en el gobierno socialista para ayudar a paliar esta situación?. Pueden y deben denunciar continuamente esta situación discriminatoria. Pueden y deben animar a otros jefes de gobierno a tomar medidas contra esta explotación que tenía que haber desaparecido hace tiempo. (Los gobiernos se limitan a enviar mercancías o dinero para paliar el hambre o las enfermedades, pero sin exigir a gob iernos dictatoriales medidas para evitar el sometimiento, la esclavitud y la privación de todos los derechos a las mujeres de estos países).Pueden y deben apelar al Tribunal de Derechos Humanos. Pueden y deben buscar consenso con las demás mujeres que viven en países liberados del yugo de la esclavitud. Pueden y deben....... Con ser todo esto importante, yo creo que deberían hacer un esfuerzo supremo y convencer a su Presidente de Gobierno para que deje de hacer el ridículo por el mundo con su proclama de Alianza de Civilizaciones y quizás lo más importante: Dejar de hacer ellas el ridículo cuando se reúnen con un grupo de mujeres africanas para debatir sus problemas, ayudarlas a salir al exterior y ser independientes. Piensan que con poner un colorido pañuelo a la cabeza, mover el esqueleto en una danza alegre y contagiosa, decir que van a ayudar y cooperar quedando todo en bla, bla, bla, ya está solucionado el problema para todas estas mujeres. Lamentablemente la mujer sigue siendo objeto de trueque Yo, que soy una simple ciudadana de a pie, como muchísimas mujeres; españolas, ante la imposibilidad de hacer otra cosa, me atrevo a ser los ojos: y la voz de Nujood, Arwa, Reem, Salami, Sahra, Hosha, Afsana,.... pedir para ellas los mismos derechos y privilegios que tenemos por estos lugares Y en su nombre y el de tantos millones de mujeres privadas del derecho de decidir sus vidas, gritar un potente grito de libertad.

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