AL TRASLUZ
Invisibles
CIENTÍFICOS estadounidenses han descubierto para el Pentágono un material que hace invisibles los objetos. La invisibilidad ha sido siempre un sueño de emperadores, aunque casi siempre terminen desnudos y burlados, como en el cuento de Andersen. Al parecer, el hallazgo está en una fase rudimentaria, en cuanto a su potencial futuro, pero ya demostrable más allá de la abstracción teórica. El objeto no se volatiza; sigue ahí, pero no lo ves. Si es un espía, lo pisas. A finales del XIX, Wells publicó su novela sobre el triste sino del hombre invisible, pero el anhelo de ser como dioses viene de mucho más atrás. Y no sólo para entrar gratis a la ópera. Por cierto, la ciencia ficción ha logrado grandes aciertos en lo concerniente a los descubrimientos, esperemos que no los tenga también en sus pesimistas vaticinios sobre nuestra autodestrucción a través de la tecnología. No me parece un descubrimiento tan extraordinario, pues convivo con esa forma primaria de invisibilidad que es el despiste; en mi mesa los objetos desaparecen y aparecen, incluso cuando está ordenada. Pero, dado que es el Pentágono quien ha financia, cabe deducir que no se le están buscando precisamente aplicaciones filantrópicas, y que vamos a un mundo refrito gore de Matrix con El planeta de los simios . Cabe preguntarse si tanto prodigio de la física no habría sido mejor utilizarlo para otros fines menos inquietantes, pero, ay, hasta la tostadora es la aplicación de una tecnología utilizada previamente en no sé qué guerra. La invisibilidad nos protegerá del enemigo, se nos dirá algún día. Pero mañana les tendremos en casa, como presencias fantasmagóricas, enviados por no sé qué ministerio, a enterarse de quién somos de puertas para adentro, y, lo que es peor, a zamparse impunemente el jamón de pata negra.