Diario de León

EL MIRADOR

Las eléctricas entierran el futuro nuclear

Publicado por
ANTONIO PAPELL
León

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EL DEBATE nuclear se ha reabierto en todo el mundo a causa de los precios exorbitantes del crudo de petróleo y de la excesiva dependencia energética de muchos países occidentales, que están en manos de terceros para satisfacer sus necesidades básicas. Centroeuropa depende de Rusia y del Próximo Oriente y España, cuya dependencia era en 2005 del 85,1% según Eurostat, está a merced sobre todo de los suministros del Norte de África. Además, la energía nuclear no expulsa anhídrido carbónico a la atmósfera por lo que no contribuye al efecto invernadero, supuestamente causante del cambio climático, lo que le concede un indudable atractivo. Es obvio que cuando este debate se ha comenzado a lanzar también en España, donde rige una moratoria nuclear desde 1984 (el propio Felipe González, que la impuso, recomendó su revisión en octubre del 2006), y cuando habrá que tomar decisiones sobre el cierre o el alargamiento de la vida de las centrales que están a punto de cumplir su ciclo -la licencia de Garoña, en Burgos, concluye en 2009-, los fallos que se producen en las centrales tarraconenses, responsabilidad de Nuclear Ascó Vandellós (ANAV), abonan las posiciones de quienes defienden el cierre sucesivo de todas las centrales, que actualmente producen el 20% de la energía eléctrica de nuestro país, con lo que se dispararía todavía más nuestra dependencia energética. Tal decisión agravaría la paradoja de que nuestro país, oficialmente hostil todavía a la energía nuclear, debería incrementar las compras de electricidad a Francia, cuando dicha electricidad transpirenaica es casi totalmente de origen nuclear. Se entiende mal la frivolidad de Endesa y de Iberdrola en este asunto, máxime cuando ambas compañías invierten ingentes cantidades de dinero en publicidad que enfatiza sus preocupaciones ecologistas y su afinidad hacia lo verde. La opinión técnica de este país es mayoritariamente favorable a la prolongación de la vida de las centrales hoy operativas, con las debidas garantías de seguridad, pero será muy difícil sacar adelante tal iniciativa política en tanto ANAV, que está en manos de nuestras principales eléctricas, siga por el arriesgado camino del despropósito y de la ineficiencia. La construcción de centrales no sólo requiere decisiones políticas sino también exorbitante financiación a largo plazo, cuyo logro depende de la confianza que inspiren el marco normativo y la solvencia del sector eléctrico. De momento, en las condiciones actuales, sería imposible encontrar a quien pusiera su dinero en manos de tanta incompetencia.

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