LA VELETA
Grandes desafíos
MUCHOS DE LOS embajadores convocados en Madrid por el Gobierno a una cumbre de los representantes diplomáticos españoles asentían al escuchar, en una de sus sesiones de trabajo, de boca de un conocido periodista invitado a participar en una mesa redonda, que «España es uno de los países con menos sentido del Estado del mundo». Algunos de esos embajadores dieron luego, privadamente, la razón al conferenciante. E s cierto que la fiesta nacional catalana se con templa con muy distintos ojos en Barcelona y en Madrid: mientras los periódicos catalanes hablaban de normalidad y unidad ante la conmemoración, algunos medios destacaban los incidentes, quema de retratos del Rey y división política que, a su juicio, caracterizaron la celebración de la Diada. Probablemente, en el medio está la virtud. Por lo que respecta a la ya fallida consulta de Ibarretxe, al gobierno central le parece claro que su llamamiento a presentar demandas ante el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo es un brindis al sol. Incluso aunque, siguiendo sus peculiares pautas, Estrasburgo pueda acabar dando una parte de razón; pero acaso en plena precampaña electoral a las pretensiones del lendakari. Que, por cierto, dentro de dos semanas se la juega, dado que el PNV decidirá si sigue siendo candidato o no a ocupar el sillón de Ajuria Enea. Claro que estas cuestiones, como la reforma de la Justicia, los retos de la inmigración o la misma necesidad de algunas modificaciones constitucionales, se colocan en un segundo término frente a las angustias que genera la crisis económica. Pero parece claro ya que, más allá de la renovación del poder judicial -cuyo método tantas críticas ha cosechado- y de lo que pueda significar genéricamente la lucha contra el terrorismo, no cabe esperar más acuerdos, y menos aún en el terreno económico, entre los dos grandes partidos. Se acabó el consenso. A veces da la sensación de que son muchas las cosas que se tambalean sin que las formaciones nacionales, que agrupan a casi veintidós millones de votantes, se muestren sensibles a la necesidad de fortalecer conjuntamente ese Estado del que tan escasa conciencia tienen muchos españoles. Así que esos planteamientos inéditos de los que hablaba el embajador, tan indeseables por lo demás, van a continuar campando por sus respetos.