CANTO RODADO
Un búho para Concha
A Concha Casado el amor por La Cabrera le viene de casta. Su abuelo puso tienda en Truchas, cuando el siglo XX despuntaba al progreso, pero los caminos de herradura y las sendas por el monte eran las únicas vías de comunicación en la comarca. Pasó ratos de su infancia en aquella lejana geografía leonesa y volvió a ella, en plena juventud, a elaborar su tesis doctoral sobre el habla cabreiresa. La experiencia de aquel verano de 1945 selló para siempre sus vínculos con La Cabrera, aunque la tienda del abuelo ya había pasado a otras manos hacía tiempo. Siempre volvía con la cámara en ristre. Y fue así como, año tras año, década tras década su ojo incansable y minucioso retrató la abundante, rica y bella arquitectura cabreiresa: valles, casas, pajares, chimeneas, hornos, molinos, palomares, cerraduras, coladeiras, corredores... Villar del Monte, Forna, Trabazos, Pozos, Manzaneda, Ambasaguas, Encinedo, Robledo de Losada, Marrubio... y hasta el último rincón tradicional de La Baña. El XI Festival de Cortometrajes de Astorga le ha dado a Concha Casado uno de sus premios de honor. Allí estaba, en primera fila del Teatro Gullón, junto a Montxo Armendáriz, sorprendida de verse sentada junto a un «famoso» del cine, también galardonado con un premio de honor. Astorga puso en valor este año la obra gráfica de Concha Casado -en gran parte disponible en la Biblioteca Pública de León donada por la autora- mostrando sus andanzas por La Cabrera en una colección de cien fotografías y proyectando los audiovisuales que ha dirigido sobre las artesanías y los artesanos tradicionales. Y le entregó uno de sus búhos de honor, como un homenaje a ese ojo siempre abierto y vigilante sobre la belleza de La Cabrera. Sin duda el regalo más entrañable fue la exhibición del gaitero Moisés Liébana con los danzantes de Corporales, que tocó y representaron fragmentos de la Danza Rey Nabucodonosor recuperada gracias a su tesón y a su voluntad de hierro en los años 80.