Diario de León
Publicado por
ENRIQUE SOTO
León

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NOS NIEGAN la unidad de cirugía pediátrica, la facultad de Medicina y los hospitales comarcales; se torpedean el aeropuerto de León, los polígonos industriales y el circuito de velocidad; intentan desvertebrar el territorio interponiendo peajes; nos boicotean proyectos, nos roban sedes, nos trasladan todo lo trasladable... ¿a dónde? A Valladolid, ya lo sabemos todos. Nunca habíamos sufrido tanto centralismo y tan adverso. Lo que está pasando con León es tan increíble que ni las propias víctimas lo podemos reconocer. Espero que cuando la historia conozca y cuente toda la verdad no tenga que decir que los leoneses fuimos tan mansos que nos dejamos degollar como corderos. De momento ya se dice que parece que tenemos horchata en las venas. ¿Qué más nos tienen que hacer para que salten por los aires toda nuestra paciencia, contención y respeto a los límites? Cuando los políticos de la transición se plantearon afrontar las reivindicaciones de vascos y catalanes acordaron introducir en la Constitución el derecho a la autonomía para todos los pueblos de España de manera que no hubiera privilegiados ni marginados; café para todos, se dijo. ¿Que unos deben tener autonomía? Pues que puedan tenerla todos, que todos los españoles somos iguales. Perfecto. Pero la realización práctica ya no fue perfecta. No todas las autonomías que ahora tenemos se corresponden con los pueblos, regiones o nacionalidades, según expresiones de la constitución, que cientos o miles de años de historia habían fraguado. Del viejo Reino de Murcia se separó la provincia de Albacete. Del viejo Reino de Toledo, o Castilla la Nueva, se separó Madrid que desde entonces se afana en crearse una identidad. Del viejo Reino de Castilla, o Castilla la Vieja, se separaron las provincias de Logroño y de Santander. Ambas se cambiaron los nombres por los de La Rioja y Cantabria y se constituyeron en sendas comunidades autónomas. Santander ha tenido que retroceder dos mil años para encontrar en el pueblo cántabro una identidad. En el caso de Logroño no sé en qué basan su identidad autónoma, pero lo cierto es que la autonomía les ha sentado muy bien; han salido ganando con el invento. ¿Y nuestro viejo Reino, el País Leonés? Traicionado por los propios políticos leoneses. Comprada, a cada uno por su precio, la acción de unos y la omisión de la mayoría, consintieron la creación de una comunidad autónoma birregional «de Castilla y León»; es algo que resulta claramente contrario al espíritu de la Constitución. Desde los albores de su historia, Castilla ha forjado su identidad en pugna contra León. Castilla es por definición antileonesa. Los engaños y traiciones y la envidia y aversión contra León de su fundador Fernán González han debido dejar su huella en el ADN y en el DNI de lo castellano. La idea de poner a un viejo pueblo, noble y generoso como el leonés, bajo el yugo de su vecino y eterno enemigo castellano es estremecedora por lo perversa. España es culpable de esta tropelía histórica. El resultado está a la vista. Los leoneses casi lo hemos perdido todo. Las tres provincias leonesas estamos ahora en los últimos puestos en todos los parámetros socio-económicos. Antes de esta felonía estábamos en la media nacional. Los leoneses somos víctimas, perjudicados y marginados en la España de las autonomías. Esto no es malo solamente para nosotros mismos, sino para España y para Europa. León es una región europea ocultada por el mapa de las autonomías españolas. León es una región en declive en una Europa que invierte muchísimo dinero en que todas sus regiones se equiparen, converjan, adquieran un nivel semejante; es su objetivo 1. Pero todo el dinero que en virtud de nuestros malos datos estadísticos destinó Europa a esta NUTS2 birregional (otra anomalía según los reglamentos de la Unión Europea) se administró desde Valladolid y sirvió para levantar Castilla y hundir a León. Desde el principio hubo en los políticos y partidos nacionales un grave déficit de conciencia de la trascendencia de lo que se estaba haciendo con León aunque el pueblo leonés sí se manifestó repetidamente y se organizó. La Unión del Pueblo Leonés es el resultado de la convergencia de diversos partidos y grupos políticos que surgieron espontáneamente ante aquella discriminación. En sus primeros tiempos este partido tenía dos nombres y se decía en sus estatutos que se podrían utilizar indistintamente: Unión Leonesa (UNLE) y Unión del Pueblo Leonés (UPL). En las primeras elecciones a las que concurrió utilizó el primero de estos nombres, UNLE. Entre los que rivalizaban por el voto estaban otros que también se decían leonesistas, eran los de la Agrupación Electoral Independiente que encabezaba Juan Morano Masa, quien ondeando consignas leonesistas obtuvo repetidas mayorías absolutas en la ciudad de León. Posteriormente Juan Morano fue captado por el PP y su amigo y segundo de a bordo aterrizó en UNLE-UPL, se adueñó del partido y controló el desarrollo del leonesismo mientras pudo. Los actuales estatutos del partido son de aquella etapa. Las carencias y defectos que todos apreciamos en este partido, también. Desde entonces la estrategia del PP siempre ha buscado descabezar el leonesismo o controlar a sus líderes. Hoy la UPL está tomando medidas para liberarse de los lastres que arrastra de la etapa en que estaba dominada por dirigentes sin fe en el objetivo al que se supone servían. Hoy la UPL está en un proceso de refundación, así que veremos a nuestros enemigos torpedear cada vez más este renacer leonesista. La sociedad leonesa necesita a la UPL. Los partidos nacionales son los que han gobernado las instituciones desde las que se ha degradado a León: diputaciones, comunidad autónoma y Gobierno central. Solamente el fermento de la UPL puede liberarnos del bipartidismo y de las disciplinas de partido fieles a intereses foráneos. Solamente la fuerza de la UPL puede liberarnos de la marginación y llegar a cambiar el futuro de León. La refundación de la UPL, el renacer leonesista, el ejercicio del amor propio de ser leoneses y la restauración de los derechos que corresponden al pueblo leonés son retos y tareas en las que nos tenemos que encontrar hombro con hombro todos los que sentimos amor por nuestra gente y por nuestra tierra, todos los que no nos vamos a rendir ante tanta adversidad, todos los que decidimos optar conscientemente por luchar hasta el fin por lo que consideramos justo.

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