Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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HASTA hace unos días no sabíamos de su existencia, pero ahora no se habla de otra cosa. Sistema es la palabra en boca de todos; mira que las hay bonitas, pero no. Unos: que si falta confianza en el sistema, que si se nos cae el sistema sobre nuestras cabezas (como temía el galo Abraracúrcix); otros: que como nuestro sistema no hay ninguno, que nos lo envidia Gates; unos y otros: sistema por allí, sistema por allá¿ Dan ganas de escribirlo con mayúsculas, para ver si elevándolo a la condición de excelentísimo nos resulta más llevadero. ¡Y nos las dábamos tan felices por habernos librado del efecto 2000 aquel con el que los agoreros nos amargaron el cambio de milenio! A mí me da que esto se trata de un rodeo para definir aquello que toda la vida hemos llamado tinglado, pero, ahora, en apoteósico. El caso es que si me pongo a ello, creo que puedo llegar a entender el conceptín. Lo que ya se me escapa es que haya que inyectarlo 30.000 millones de euros; para empezar, uno no sabía que existiese tanto dinero junto. ¡Menudo jeringazo! Pero, hágase si es necesario. A usted y a mí qué más nos da. Ya lo tengo, lo pillé. El sistema es el conjunto de normas por las que llueve hacia abajo y no para arriba, por el que si hoy estamos a viernes, mañana ha de ser sábado; por el que el Real Madrid juega mejor que el Barça, y a todos nos gusta el botilllo. ¿Estamos de acuerdo? Acabáramos. Sistema somos todos, aunque, claro, unos más que otros, ya se sabe. Salvémoslo, como a las ballenas, si no queremos que la lluvia caiga hacia arriba. Sigamos la máxima de El Gatopardo: «Algo debe cambiar para que todo siga igual». Pues eso. Los viejos pilares de la tierra. Menos sistemitis y más confianza, alegría y ánimo inversor. Con dos. ¿Será por dinero?

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