Diario de León
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VICENTE PUEYO
León

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ESTA ha sido, aún lo es, una provincia de una vía: la de salir, muchas veces para no regresar. Ahora, aun con el lastre del tiempo perdido, se ha empeñado en ser una provincia de doble vía: para salir pero también para venir. Y esperamos el AVE como se espera a un Godot cargado de todas las fecundidades que nos han sido negadas. Y esperamos ansiosos abrir Ordoño hacia el oeste, brecha hacia la ciudad nueva de los congresos y la modernidad, esperanzada en su porvenir. Pero hay otra vía de dos carriles sobre la que trabajar y que es muy relevante: León como ciudad de cultura, atractiva y amena. Ahí también se ha ido despacio pero se han ido amasando iniciativas que ahora están dando sus frutos. Quizá no sea sólo una coincidencia que el Festival de Órgano haya estallado, por fin, después de tanta incomprensión e ingratitud, en un proyecto que ya casi se toca y que llevará a la Catedral un instrumento de la categoría que el templo exige. No puede ser sólo coincidencia que también ahora vaya tomando forma y vaya haciéndose más comprensible otro proyecto de extraordinaria trascendencia como el ligado a la rehabilitación del Teatro Emperador. Ciertamente un lastre de desencuentros, un aroma a vil metal, acompaña el inicio de esta aventura pero el resultado puede y debería compensarlo todo. Una artista integral como es Teresa Berganza, situada ya muy encima de veleidades y estériles connivencias políticas, se ha apercibido enseguida de la importancia y de la singularidad de esta iniciativa que es como un puente de plata entre el pasado y el futuro. El Centro Nacional de Músicas Históricas, esa parece que podría ser finalmente su denominación, quiere dar residencia a la música antigua española hasta el siglo XVIII. Pero eso, con ser importante, en tanto que concitará la atención de músicos e investigadores de todo el mundo, no lo es todo. El proyecto, lo que sabemos de él, quiere abrir ventanas al presente y al futuro consolidando su quehacer en tres pilares: una orquesta, un coro y el propio teatro. No hay que insistir demasiado en la importancia cultural, formativa, de una iniciativa de estas características... si no se tuerce y consigue avanzar con los pies en la tierra; pero, también, si mantiene esa ambición que siempre está detrás de los proyectos que se marcan largos y anchos horizontes. Que el Estado esté detrás de la aventura permite mantener la esperanza y el optimismo. Es tiempo de confiar en que este proyecto no se estrelle como ha sucedido con otros de muy reciente memoria. Ojalá las cosas se hagan muy en serio y, convencidos de nuestras propias posibilidades, vayamos sacudiendo definitivamente el pelo de la dehesa. Porque aquí se ha ido creando, hay ciertamente, un sustrato de calidad en lo que concierne al público que sabe escuchar y amar la música pero falta este revulsivo que convierta a León en ciudad protagonista, en eje de un quehacer musical propio, atractivo y original. León no debería dejar pasar estas oportunidades que le han surgido. La música, la cultura, eso indefinible, es muchas cosas y es también una industria. Pero quizá sea, debe ser, sobre todo, una seña de identidad. Y un día esa doble vía se llenará de sentido: saldremos y vendrán.

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