Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Todas las putas son buenas

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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CORRESPONDE en primer lugar solicitar disculpas, perdones y licencias por haberme atrevido a enfrentarme con un tema, problema o cuestión como el de la vida pública de las mujeres libres, que andan sueltas por el mundo y que, a lo que se comprueba, están creando problemas graves de convivencia, de entendimiento y de trato social. Naturalmente no me voy a conceder el derecho a poner el nombre o el apelativo o el moto que me de la gana a estas señoras que fuman y que constituyen ya en la sociedad española un peligro que conviene prevenir. Se las puede llamar de mil maneras en la seguridad de que no se considerarán ofendidas, las buenas chicas, tan de continuo sometidas a los acosos y cuestionamientos de una forma de vida ajena a la norma social aceptada y acogida en los libros de la legalidad y de la convivencia forzosa. Para ordenar, corregir o enmendar definitivamente esta proliferación de muchachas de todos los países dispuestas a jugarse la vida y la hacienda porque se les permita simplemente vivir, se ha colocado a lo largo de la ruta de la golfería, un sistema de fotomontaje, de sonidos y aún de pláticas, que ayudan a la policía a la persecución de este grupo humano marginal. Convendría que antes de condenar a estas mujeres dejadas de la mano de la ley, revisaran su biografía y aceptaran que harta miseria es la suya por tenerse que ofrecer como mercancía, por un puñado de monedas, para condenarlas sin más. En algunos poblados de la España católica y sentimental se las ha declarado la guerra. «Guerra a la prostitución», se proclama, sin querer darse cuenta o precisamente con toda la perversa intención con que se pronuncian estas condenaciones, quebrantan la ley de Dios y la de los hombres leales con sus principios. Todas las señoras putas, se dice sin el menor asomo de ironía, son buenas, han sido todo lo buenas que la sociedad las ha permitido, están siendo acorraladas para que no se extiendan y corrompan a los píos caballeros de la Santa Hermandad, sin querer aceptar que la caída en picado de estas mujeres fue provocada en la mayor parte de los casos, por la insidia, la felonía y la perversidad de aquellos que después las arrojan de la sociedad, las persiguen como a bestezuelas puestas a nuestros alcances y al final acaban con ellas como seres humanos con derechos generales, divinos y humanos como piezas venatorias a su disposición. Yo no diré, porque a lo peor no es cierto, que todas las putas sean buenas, lo que sí me mueve es aconsejar misericordia a sus explotadores, es que antes de condenar al inocente averiguen si el culpable no será, no es, aquel que las comercializa reduciéndolas a la condición de bestezuelas del placer. Hemos escuchado la condena de estas mujeres con piedad, con generosidad. La geografía de zonas destinadas a cuartel general de las mujeres que -¡ellas sí!- andan por el mundo solas. ¡Y a mí me da pena y me causan un respeto imponente, como al Piyayo...!

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