CRÉMER CONTRA CRÉMER
El problema del cole
LO DEL COLE para los niños de España ha sido siempre un problema o dos problemas. Y todo por rodear el proceso de colegiación de los niños, de una capa, una pintura o una tradición no sometida en cambio a reglas de ayuda para todos aquellos de procedencia modesta que, al llegar la hora de enviar a los hijos al Colegio, advierten con amargura que no disponen de los medios económicos ni, por lo tanto de las facilidades para proporcionar a sus hijos los mecanismos de enseñanza obligados para cubrir todas las exigencias que demanda un capítulo tan importante, tan sometido a disciplinas, fórmulas pedagógicas y material escolar, se ven obligados a conceder a sus hijos una enseñanza incompleta. En vano los profesionales del magisterio se esfuerzan en adaptar los medios de que el Estado dota a los enseñantes para obtener unos estudiantes formados y verdaderamente dispuestos a coronar la aventura de aprender hasta el final. La mayor parte de los niños de España, cortan la marcha de su formación por la mitad. Y el estudiante acaba en un inseguro aleccionado a medias, es decir mal alimentado intelectualmente. Así que en los comienzos del curso escolar se produce en España una especie de revolución doméstica, durante la cual, todos los comprometidos en la peripecia gloriosa de aprender, por ejemplo, la lista de los reyes godos, precisamente por no disponer de los libros que les podrían proporcionar la respuesta correcta, se quedan anclados a la mitad, hasta que acaban por abandonar la aventura y resignarse a obtener las enseñanzas elementales, mediante las cuales le basten al niño, para que al cabo de la gran jornada de la enseñanza, de la educación y de la conformación de la exigencia escolar, se reduzca a una referencia superficial, ajustada a las exigencias de un oficio modesto. Hubo un tiempo en la historia contemporánea de la España, impulsada por profesionales de la enseñanza comenzaba a percibir los beneficios que se derivaban de una enseñanza libre y bien administrada. Pero desgraciadamente aquella disposición revolucionaria, con la creación de Círculos núcleos profesionales y doctrinas generosas no duró lo suficiente como para permitir que aquellos batalladores maestros cubrieran todas las etapas de obligado cumplimiento para conseguir cosechar generaciones completas de alfabetizados. Y se poblaron las Escuelas los espacios urbanos y las gentes del campo comenzaron a forzar los dispositivos hasta conseguir ocupar los puestos de enseñanza que el pueblo necesitaba. Fue cuando vinieron los unos y acabaron con los otros. Y al final se convirtieron los niños doctrinados y preparados en meros practicantes de la ley recién inventada. Y los niños iletrados y sin ningún estímulo real acabaron en partidarios de la vida fácil, sin esperanza, sin libros, sin futuro. Esta es la crisis más dolorosa y la que en realidad sigue incidiendo negativamente en la vida y milagros de la sociedad iletrada y sin recursos reales para la construcción de una sociedad capaz. Éste debiera ser un tiempo de reflexión bien dotada.