Diario de León
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FABIÁN ESTAPÉ
León

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NO SIEMPRE a un colaborador de este centenario rotativo, se le presenta no sólo la oportunidad sino incluso la necesidad de hacer llegar por este medio una expresión que sin duda no será singular. Me refiero a la deseada frecuencia ese destacadísimo colaborador que es Antonio Papell. Aun a trueque de insistir, me place recordar al Antonio Papell, mallorquín de origen de mi Ampurdán, que irrumpió en el mundo de las Letras como Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y que una vez en el mundo de los decires fue pasando por periódicos como el Diario de Barcelona, el ABC y El País. Aún le recuerdo, veraz y cordial, cuando colaboraba en La Vanguardia durante aquella época dorada en la que el director era Horacio Saénz Guerrero; el resto de actividades de Antonio Papell en el mundo de las Letras viene a sumarse lo realizado con Fernando García de Cortázar y otras actividades que demuestran que con Papell nos encontramos ante uno de los ejemplares de laboriosa trayectoria. Hemos de recomendar fervientemente el reciente libro de Antonio Papell que en la portada y debajo de unas gaviotas, está Zapatero del 2004 al 2008. Como era de esperar, no se limita al vuelo frenético de las aves azules y también deja por sabido recordar que Zapatero ha gastado toda una legislatura de 2004 a 2008. Pero lo que retrata a un periodista de honda figura, es aquel subtítulo que en agraz reza: «La legislatura de la crispación»; realmente no podía caber en la portada de un libro de unas cuatrocientas páginas una alusión más ceñida y repleta de sugerencias que aludir de manera bruñida al recuerdo de aquella etapa en la que actuaban como zombis Acebes y Zaplana como convoyes de un Rajoy, generalmente marchito recitando para sí que clase de «chollo» le había llevado a la Carrera de San Jerónimo. Existió desde el punto de vista de la oposición un uso sin trabas de cuestiones tan escalofriantes como era y sigue siendo la investigación final sobre el 11-M. Tanto es así que en la recentísima floración de los líderes y de las lideresas del PP léase Mª Dolores de Cospedal, abogada del Estado excedente, la cual al recibir el cetro de su reciente poder, estimó oportuno dirigirse y hacer horas en la Cope, donde desde Federico a los demás le agradecieron su visita y tuvieron en cuenta su frase final: «tanto ella como su Partido seguirían investigando el 11M». Si esto es así, hay crispación para rato. Ciertamente además de la crispación, el problema de la política territorial también ha dividido los partidos y la misma opinión pública. Y en cuanto al Estatut de Cataluña, resulta claro que la alegría con la que Zapatero hizo saber a los partidos catalanes que aceptaría el Estatuto tal como llegara de Cataluña, esto ha demostrado ser una ligereza derivada de la euforia del triunfo electoral.

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