Diario de León
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VICENTE PUEYO
León

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EN UN conocido y divertido programa de televisión hay una sección llamada «el efecto mariposa» en el que, mediante un ligero empujón a una bolita de acero, ésta va recorriendo unos canalillos de madera, desencadenando otras reacciones hasta conseguir el efecto deseado. Anteayer, planchar una camisa. Lo que ocurre al principio del panel, repercute en el buen planchado de esa camisa. Es sólo un ejemplo pero también una metáfora de lo que ocurre en este mundo globalizado. Lo estamos viviendo ahora con la crisis. El empujoncito de las hipotecas basura de los EE.UU. ha hecho rodar la bolita y, entre otras catástrofes, ha llevado las cifras del paro a cotas nunca vistas: 192.658 parados más en octubre (en León, 1.741 nuevos parados). Más que preocupante. Y ya que hablamos de los oligotemas de actualidad -malos tiempos para la lírica- no podemos olvidar el tema rey del día: el triunfo de Barak Obama en las mal llamadas «elecciones americanas». A los estadounidenses se les llena la boca con la palabra América y la mastican como si fuera una hamburguesa de tres pisos. Países como Brasil o Argentina también forman parte de América; e incluso la Guayana francesa. O sea, que mejor será centrarnos un poco. Y si nos centramos y hablamos de quién vota, y del efecto mariposa, puesto que el empujoncito de las elecciones en Estados Unidos me va, nos va a a afectar, y el señor Obama va a influir más en nuestro futuro que el señor Rodríguez Zapatero, reclamo el derecho de pataleo de no haberle podido votar. Eso sí, queda el consuelo de que, cuando lo haga mal, pueda decir: «¡Ah, yo no he sido!». Francamente le hubiera votado porque -coincido con José María Carrascal que apuntaba ayer esto en la Ser- Obama es una sugestiva mezcla de Martin Luther King y John F. Kennedy. Un personaje-predicador con unas dotes de excepción para la oratoria y con una capacidad innata para ilusionar, factores que definen a los líderes químicamente puros. Aun manteniendo un firme y cauteloso escepticismo sobre lo que puede deparar el futuro (no nos engañemos: la que se le viene encima al de Chicago es de órdago) lo cierto es que es momento para la esperanza. No sé los mercados, pero el prestigio de los ciudadanos norteamericanos -tan lacerado últimamente- ha subido muchos enteros después de esa explosión por «el cambio». Un concepto resbaladizo y cuya materialización está llena de dificultades. A nadie se le escapa -¿recordamos de nuevo el origen de la famosa crisis financiera?- que el poder político, que hoy vive momentos de euforia, está sometido a enormes presiones desde el poder económico, un poder a veces engreído, en ocasiones camuflado, y a veces invisible, pero capaz de inclinar a un lado o a otro decisiones que son clave para la sociedad. Pero es tiempo de confiar en las posibilidades de reacción positiva de nuestro mundo interactivo y globalizado. Confiemos en un benéfico efecto mariposa. Quizá esa bola de color negro no haga carambolas-milagro pero debería ser capaz de mover muchas estructuras, en particular las mentales, para acabar con tanto desvarío. Ojalá caiga en esa casilla en la que se lee: «otro mundo es posible». EN UN conocido y divertido programa de televisión hay una sección llamada «el efecto mariposa» en el que, mediante un ligero empujón a una bolita de acero, ésta va recorriendo unos canalillos de madera, desencadenando otras reacciones hasta conseguir el efecto deseado. Anteayer, planchar una camisa. Lo que ocurre al principio del panel, repercute en el buen planchado de esa camisa. Es sólo un ejemplo pero también una metáfora de lo que ocurre en este mundo globalizado. Lo estamos viviendo ahora con la crisis. El empujoncito de las hipotecas basura de los Estados Unidos ha hecho rodar la bolita y, entre otras catástrofes, ha llevado las cifras del paro a cifras nunca vistas: 192.658 parados más en octubre (en León, 1.741 nuevos parados). Más que preocupante. Y ya que hablamos de los oligotemas de actualidad -malos tiempos para la lírica- no podemos olvidar el tema rey del día: el triunfo de Barak Obama en las mal llamadas «elecciones americanas» A los estadounidenses se les llena la boca con la palabra América y la mastican como si fuera una hamburguesa de tres pisos. que sepamos hay otros países llamados Brasil, Argentina... o la Guyana francesa. O sea, que mejor será centrarnos un poco. Y si nos centramos y hablamos de quién vota, y del efecto mariposa, puesto que el empujoncito de las elecciones en Estados Unidos me va, nos va a a afectar, y el señor Obama va a influir más en mi vida y en mi futuro que el señor Rodríguez Zapatero, reclamo el derecho de pataleo de no haberle podido votar. Porque, además, casi hemos sufrido más su larguísima campaña electoral que las de nuestros candidatos de andar por casa. Eso sí, queda el consuelo de que, cuando lo haga mal, pueda decir: «¡Ah, yo no he sido!». Francamente le hubiera votado porque, -coincido con José María Carrascal que apuntaba ayer esto en la Ser- Obama es una sugestiva mezcla de Martin Luther King y John F. Kennedy. Un personaje-predicador con unas dotes de excepción para la oratoria y con una capacidad innata para ilusionar, factores que definen a los líderes químicamente puros. Aun manteniendo un firme y cauteloso escepticismo sobre lo que puede deparar el futuro (no nos engañemos: la que se le viene encima al de Chicago es de órdago) lo cierto es que es momento para la esperanza. No sé los mercados, pero el prestigio de los ciudadanos norteamericanos -tan lacerado últimamente- ha subido muchos enteros después de esa explosión por «el cambio». Un concepto resbaladizo y cuya materialización está llena de dificultades. A nadie se le escapa -¿recordamos de nuevo el origen de la famosa crisis financiera?- que el poder político, que hoy vive momentos de euforia, está sometido a enormes presiones desde el poder económico, un poder camuflado, a veces invisible, pero capaz de inclinar a un lado o a otro decisiones que son clave. Pero es tiempo de confiar en las posibilidades de reacción positiva de nuestro mundo interactivo y globalizado. Confiemos en un benéfico efecto mariposa

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