LA VELETA
Puro capitalismo
NADIE SE ATREVE a formular con ciertas precisiones las necesidades reales para terminar con un capitalismo de ruleta en el que las naciones más poderosas del planeta han dictaminado las reglas que tiene que cumplir la humanidad sin pensar más que en los beneficios de los poderosos. Lo han hecho históricamente y ahora es más evidente que en ningún momento. En primer lugar haría falta definir los déficit del actual sistema económico y tabular en sus justos términos la pretensión de que los mercados internacionales y sus ejecutivos son suficientes para una autorregulación responsable. En segundo lugar, las reglas de la globalización tienen que salir del embudo de pretender que los países poderosos y las multinacionales empresariales y financieras tienen legitimidad para imponer sus códigos a los países pobres y a las pequeñas empresas. En tercer lugar hay que restablecer procedimientos de dignificación de los estados y de la política para recuperar el control sobre la economía. Todo esto parece difícil que pueda realizarse en la convocatoria del presidente saliente más impopular de la historia de Estados Unidos ante la mirada distante del recién elegido Barack Obama. La próxima cumbre de Washington, de la que tanto se ha venido hablando en los últimos días, no reúne los mínimos de legitimidad para tomar grandes decisiones, pero puede marcar un rumbo y señalar los procedimientos para un proceso complejo y que necesariamente tiene que ser rápido dada las urgencias planteadas por la crisis financiera. El presidente José Luis Rodríguez Zapatero ha conseguido plaza para estar entre los grandes en Washington, y hay que aplaudirle por su tesón que ha demostrado y por los evidentes riesgos políticos que ha corrido con su empeño. Ahora está haciendo consultas entre la oposición y los agentes económicos y sociales antes de dar a conocer su discurso. Tiene mucha responsabilidad Rodríguez Zapatero y una oportunidad de emprender camino como estadista. Es de los pocos presidentes europeos que dirige un partido socialista y su oportunidad de liderazgo en el terreno de la izquierda responsable está amplificada por la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca en su condición de demócrata progresista. Buenos mimbres para que el capitalismo esté envuelto en un nuevo cesto. De eso se trata.