A caballo regalado le miran el diente
EN RELACIÓN con la crisis económica a Zapatero y su Gobierno se les puede criticar infinidad de cosas. Para empezar, su absurda obstinación en no reconocerla desde el principio, empecinándose en no pronunciar la palabra «crisis» hasta que no estábamos ya a las puertas de la recesión. A esa tardanza en reaccionar puede añadirse el haber dado prioridad a las medidas de choque para salvar el desplome del sistema financiero, permitiendo que entretanto continuara deteriorándose la economía real, la de las empresas y las familias.
Al Gobierno Zapatero se le puede reprochar también un comportamiento errático frente a la crisis y haber ir improvisando las medidas sobre la marcha sin una planificación ordenada y coherente. Pero a estas alturas de lo que no se le puede acusar al Ejecutivo socialista es de no haber tomado medidas. Todo lo contrario: si acaso, se le puede achacar un exceso de ellas, que algunas son de dudosa eficacia y que otras, siendo bienintencionadas, son de difícil aplicación.
La semana pasada me permití constatar la absoluta pasividad de la Junta de Castilla y León que, tras unas evanescentes medidas aprobadas en el mes de mayo, no ha vuelto a poner sobre la mesa una sola iniciativa orientada a combatir o paliar la crisis. Eso sí, al gobierno autonómico no le parece bien ni una sola de toda esa gama de medidas del Gobierno de Rodríguez Zapatero, incluso las que van a generar inversión y empleo en toda España, como la de destinar 8.000 millones de euros a obra pública municipal a ejecutar en el 2009.
Todos estamos de acuerdo en que una medida así no resuelve el problema de la financiación municipal. Pero es que tampoco lo pretende. Ese problema está pendiente de abordar en otro ámbito y además no es exclusivo del Gobierno central, sino que compete también a las comunidades autónomas, que por cierto siempre se han desentendido -”y Castilla y León no es precisamente una excepción-” de ese déficit estructural de los ayuntamientos y las diputaciones. Y precisamente, habida cuenta de ese déficit, ya son ganas de incordiar que, en lugar de aplicarse lo de «a caballo regalado no le mires el diente», salgan la Junta, el Partido Popular y la Federación Regional de Municipios y Provincias poniendo pegas a ese fondo de 8.000 millones, 450 de los cuales vendrán a esta comunidad autónoma. Realmente insólito.
Entretanto, por tratarse de un mandato estatutario, la Junta no ha tenido más remedio que presupuestar para el 2009 el Plan Plurianual de Convergencia Interior, un instrumento destinado a compensar los escandalosos desequilibrios territoriales dentro de la propia comunidad autónoma. La cantidad presupuestada (125 millones de euros) resulta un tanto raquítica para afrontar un problema tan profundo: Recuérdese que entre Burgos y Zamora hay una brecha de 35 puntos en renta per capita. Pero admitamos que es un primer paso. El problema es que estamos en diciembre y esos 125 millones no son más que un simple epígrafe en el proyecto presupuestario, sin que nadie se haya puesto a trabajar en el diseño y contenido concreto de ese Plan. Con lo cual lo más probable es que transcurra el 2009 y no se haya invertido ni un solo euro con cargo al mismo. Al tiempo.