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León

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ADONIS ha venido a León. Es uno de los grandes poetas del mundo y ha traído sus palabras de fuego. Sagradas palabras terrenales. Voz que pocos conocen en España. Porque aquí lo que más importa es el discurso de la vulgaridad y el miedo. La indolencia de un país rico y sobrealimentado cuya producción literaria es muy sumisa, teledirigida por la industria cultural hasta extremos de escándalo. Vulgaridad, en fin, de una clase política mediocre. Niños de papá jugando al monopoly de la revolución. O al parchís del Vaticano.

Estamos rodeados por demasiadas cosas aburridas. Y aun peor: por cobardías, claudicaciones, ventas y pactos bochornosos. Nos abruma la maraña de fraudes económicos. Y ya sabemos que muchos de esos -œgurús- de las finanzas son farsantes, indocumentados, o ladrones. O las tres cosas. Adonis no tiene nada que ver con eso. Y hasta puede parecer inmoral mezclar su voz con este escenario zafio, tópico, aceitoso y simple. Lo hago para que resalte mejor. Él, además, está en la vida muy plenamente. Del modo más intenso, consciente, más humano. Está en la parte de la vida que es eterna. Pero Adonis también sabe de la otra y la dice.

Adonis es palabra, memoria, imaginación, libertad. Herramientas invencibles. Adonis está donde la revelación y la más profunda sencillez, no donde el oficio, y la carrera de escritor. Está en la transparencia, donde la poesía vive. Y en el goce y en la verdad de los cuerpos y el tiempo. En el amor, que es el acontecimiento central de la vida. Lo que más sucede entre la inexistencia previa y la inexistencia póstuma, de las que tanto habla Gamoneda. Adonis está en la insumisión, en la enérgica dulzura.

Adonis: su poesía es claridad aunque sea oscura a veces. Su voz es un bellísimo fluir de la conciencia; una senda hacia la autenticidad y el misterio. Por eso, la poesía que comenta la vida como si fuera un telediario en verso, no es poesía; es sociología con metáforas. Abruman mucho todos esos poetas previsibles. De lo cotidiano feble.

Adonis en León; la ciudad siente el gozo de saberlo aquí, tan extraordinario y profundo. Adonis en la fría capital gótica. Tan lejos del ardiente Mediterráneo de Siria, donde nació y se hizo hombre, árabe, escritor, sabio sufí. Adonis ha venido invitado por un grupo de poetas entusiastas, jóvenes, atrevidos, originales: el grupo Leteo. Adonis en León: es para emocionarse. Pero en España ya solo emociona el fútbol mercenario, algunos crímenes y un torero suicida.

Adonis, bl

anca rebeldía. Radicalidad y asombro. Una voz universal que contrasta con el severo escalafón cultural español, tan alineado y obediente. Irrelevante muchas veces. Y quien dice Adonis dice los demás grandes poetas. Aunque tan grandes como Adonis apenas habrá diez en el mundo; y uno de ellos, Gamoneda. Adonis está en el riesgo, en la ruptura con la esclavitud del idioma del poder, con sus mentiras inefables y continuas. Adonis, mar y desierto, aire y agua. Adonis, que no vie

ne patrocinado por ningún gravoso y sectario ente público de la cultura. Que no viene a lanzar discursos estalinistas desde las moquetas palaciegas. Que está en León invitado por unos jóvenes que aman la poesía. Un grupo de jóvenes poetas que hacen más por la cultura con su modestia y su talento que congresos enteros de tanto fasto y vacío.

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Adonis trae el agua, bebamos. Que mañana, si lo leemos, no moriremos. Nos libraremos de esa muerte cotidiana que siempre nos persigue cada día: la del miedo, la avaricia, la soberbia, el mal gusto o la indignidad. Entraremos con buen pie en el amor y el prodigio de la mano de Adonis. En el desprecio hacia los adoradores del dinero, ese dios de tantísimas muertes. Adonis dispara contra todo eso. Con la eficacia solar de la palabra libre. León no lo olvidará. Tan ardiente privilegio.