Diario de León
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León

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DE LA franja de Gaza nos vienen, en pleno Año Nuevo, imágenes de niños agazapados contra el miedo mientras sus madres tratan de calmarlos con nanas orientales (interpretando estas imágenes todo son argumentos lateralizados y uno no encuentra el modo de distinguir la defensa de la venganza por ninguna de las dos partes). Oh, los señores de la guerra quieren dominar el mundo, y los señores de la guerra odian la compasión y los matices. A ellos les interesa que todo sea blanco o negro, nosotros o ellos, conmigo o contra mí porque es ese maniqueísmo el que empuja a los pueblos al odio, a la lucha, a acabar con el otro sin juicio ni jurado-¦

Vuelve la lucha encarnizada a convertir Jerusalén en una ciudad que sólo puede recorrerse a nado entre la sangre, como escribió Adonis. Por eso es oportuno recordar que no hace mucho el mundo conmemoró el 60 aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz -uno de los tristemente famosos centros de exterminio creados por los nazis-. Y por eso, porque cada vez estamos más necesitados de memoria histórica y porque hay acontecimientos que merecen ser símbolos, fue tan importante aquella conmemoración.

Y es que todo holocausto merece que aprendamos algo de él. En este sentido se ha publicado un libro clarividente de Joan-Carles Mélich titulado La lección de Auschwitz en el que, centrándose en la educación y el pensamiento ético, el autor nos hace ver que Auschwitz no fue sólo un suceso puntual sino todo un determinante acontecimiento que partió la Historia por la mitad, y el cual debemos tener siempre muy presente para que «ni el mal ni la muerte tengan la última palabra». Así, a través del testimonio de lúcidos sobrevivientes como Primo Levi, George Steiner y Paul Celan, este libro propone además una ética al afirmar que «igual de pernicioso resultan tanto el recuerdo como el olvido cuando son absolutos».

Del mismo modo existe un libro iluminador que me ha marcado como lector y como persona, y el cual mencionarlo en estos momentos resulta igualmente pertinente: El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl. El autor fue un prestigioso psicólogo y neuropsiquiatra que sobrevivió a Auschwitz y que con tremenda templanza, con lucidez y sin truculencias nos cuenta su experiencia. Ese autor repasa el ingreso en el campo de confinamiento -puesta a prueba humana y física-, la escalofriante fase de adaptación -puesta a prueba psíquica- y la liberación emocional y literal, y nos enseña así que no fueron los mejores los que lograron sobrevivir, sino aquellos que consiguieron integrar intelectual y m

oralmente el horror, tuvieron suerte y sobre todo una meta: «sobrevivieron los que le encontraron a todo aquello un sentido».

En lo que tiene que ver con las reivindicaciones territoriales de judíos y Palestinos hay argumentos para sustentar una posición y la otra, pero ésta no es una historia de argumentos sino una de odio. Por eso ahora que en el conflicto entre Israel y Palestina algunos han dictaminado que tendrá razón el que más mate, no está mal volver a esos dos libros que tratan de enseñarnos que Auschwitz es ya el serio aviso de todo lo monstruoso que puede hacerle el hombre al hombre. Ahora que intuimos con pavor que la lucha entre Israel y Palestina tiene visos de ser eterna, uno piensa en Auschwitz y recuerda que los seres humanos somos únicos e irrepetibles pero nos convertimos fácilmente en manada. A pesar de todo, más allá de los discursos sin matices y de las imposiciones de los señores de la guerra, la elección sobre participar o no del maniqueísmo, igual que la decisión de matar, de callar o de intentar hablar, depende individualmente de cada uno de nosotros. O, por decirlo con palabras de Viktor Frankl: «¿Qué es el hombre? El ser que siempre decide lo que es. Es el que inventó las cámaras de gas, pero al mismo tiempo es también quien ha ido a las cámaras de gas con la cabeza orgullosamente erguida y una oración en los labios»-¦ En fin.

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