Diario de León
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PARECE SER que en la comarca del Bierzo no dejan de celebrarse los cumpleaños de varios siglos. Todo parece tradición, parece cultura, historia... Cuando no es el centenario de la ciudad de Ponferrada lo es el de la coronación de la Virgen de la Encina, que para más inri, coinciden en año. El pasado fin de semana le tocó a Cacabelos, que cambiando completamente las tornas, conmemoraba el bicentenario de su episodio en la guerra de la independencia.

En la villa del Cúa, como en todas las batallas y las guerras hay dos bandos. Enfrentados, por su puesto. En esta ocasión, los que estaban a favor de la recreación de la batalla, como ya se había hecho en varias ocasiones en la localidad, y los que no estaban dispuestos a enarbolar unos actos bélicos, por lo que se decidió organizar una agenda más bien «cultural». Así, al final, hubo actos para todos los gustos, o por decir mejor, para casi ninguno.

El programa oficial contaba con la presencia del delegado del Gobierno en Castilla y León, Miguel Alejo, que recogió de manos de Pepe Giménez el premio Puente Mayor, que fue concedido al Gobierno de Zapatero por sus inversiones en el municipio. Fue el concejal el que tuvo que entregar el galardón porque el alcalde estaba de vacaciones, aunque llamó para informar de que no llegaría a la cita, más que anunciada y sabida desde hace exactamente 200 años, que viajaba en el Alvia...

La cuestión es que hubo ofrendas florales en un monumento y en el río Cúa, desde el puente por el que hace doscientos años batallaban franceses e ingleses. Después la visita al Museo Arqueológico de Cacabelos, entrega del premio y... poco más, salvo las 200 salvas lanzadas en la noche del viernes. A media mañana los soldados volvieron a recorrer Cacabelos. Eran pocos pero estaban bien avenidos aunque procedían de tres formaciones distintas: los maragatos de Voluntarios de León, los ponferradinos de los Cazadores de Olivenza y los Tiradores del Bierzo, que decidieron convocar a las otras dos asociaciones «para completar» el programa oficial elaborado por el Ayuntamiento.

Vestidos y armados para la batalla poco más de una decena de soldados -”entre los que había un par de mujeres, una niña y un fraile-” se dirigieron al parque de Cacabelos con una corona de laurel para realizar su particular homenaje a los caídos el 3 de enero de 1809. Tras dos breves discursos, los soldados levantaron sus armas y dispararon al aire llenando el ambiente con el humo de la pólvora.

En conclusión, que la celebración de un bicentenario, que son dos siglos de historia, doscientos años ni más ni menos, quedó completamente diluido. Tanto es así, que ni en los actos oficiales ni en los no oficiales la asistencia de los cacabelenses fue bastante discreta, por no decir casi nula. Uno de los miembros del batallón de Voluntarios de León hizo un buen apunte: «No se trata de exaltar acciones bélicas si no de recordar la historia, la que ha permitido construir la Europa actual». Al final, los actos del bicentenario de la guerra de la independencia en Cacabelos pasarán a la historia por ser bastante discretos, por el enfrentamiento de la recreación o la no recreación de una batalla.

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