CRÉMER CONTRA CRÉMER
Año nuevo, vida vieja
NO SOMOS más que fruto de la costumbre y así que el calendario zaragozano nos sugiere el tiempo del cambio, porque la aventura toca a su fin, nos ponemos el vestido de fiesta y hasta la corbata, acomodamos el rostro y su capacidad de gestuación a las circunstancias y nos disponemos a celebrar la llegada del nuevo año, que al parecer y según los pocos sabios que en el mundo son, entonando las músicas mejor acordadas.
Surgen coros por doquier y nadie de nuestra especie que nos escuchara podría dar sentido a nuestras músicas que más bien sonarán a plegaria con música de zampoña dada la humilde melodía con la que acomodamos la fecha.
Porque no cabe olvidar que estamos bajo la influencia del astro rey de las rebajas y del gasto múltiple.
Gastar será nuestro signo de vida y si carecemos de medios para rendir homenaje al comercio y a la trampa, que el Señor sea con nosotros y con nuestro espíritu.
Pero desde esta plataforma de información en la que nos hemos situado las cosas se ven de distinta manera: Sólo los felices, los anchos y puros de cartera y de corazón que ejercen la misericordia, serán llamados para ocupar una silla o sillón en el Reino de los bienaventurados.
Será una cosa u operación como la de merecer un puesto en la operación del G-20 o algo parecido porque las ambiciones se desbordan incluso cuando han sido suscitadas por alguna promesa traicionera.
Y cantaremos hasta rompernos las cuerdas de la garganta aunque el corazón se seque de angustia.
Año nuevo, decimos sonriendo como si nos hubiera tocado la lotería del Niño o de su abuelo, para observar sin estupor ni acritud el paso de los tiempos que se avecinan.
Que es a donde intentabamos llegar: Porque si no observamos el color y el acento del futuro seremos hundidos bajo el airado furor de los malos vientos.
Y son malos, muy malos, perversos, los que nos tienen los dioses preparados para el año de la prueba del 9.
Un año efectivamente de prueba, pero los que consigan vadear sus furias y acabar con otro año diferente, se encontrarán con que todavía no se acaban nuestros quebrantos ante tan negra perspectiva, y cerraremos los ojos y apretaremos el gesto elevando las demandas de ayuda a los cielos más clementes, porque ya no quedarán blancos ni Cajas de Ahorro con fondos suficientes para garantizarnos el pan nuestro de cada día.
El año 8, que estamos consumiendo, fue especialmente perverso, pero el subsiguiente dicen que será peor. ¿Peor aún? ¿Qué les hemos podido hacer nosotros para que se comporte así con nosotros? Y acaso, tal vez, quizá, quién sabe, sonará una voz dominadora que nos impondrá el silencio de los sepulcros para que acabemos la jornada al menos con la esperanza de que todos los que nos sucede es el simple fruto de un mal sueño.
Calderoniamente hagámosnos a la idea de que toda la vida es sueño que los sueños sueños son y que lo que nos dice el Gran Optimista es pura ficción, mentira, engaño.
Viviremos en el engaño antes de morir de desengaño.
Chales Chaplin ante una panorámica tan densa y oscura, repetía: «Vivir como sea, porque todos somos aficionados. Y la vida es tan corta que no da para más». Y ¡Viva Pérez de Guzmán!