Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER | VICTORIANO CRÉMER

Los señores Reyes Magos y el milagro

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VICTORIANO CRÉMER
León

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SE ESCUCHÓ una voz ronca, posiblemente del Portavoz del grupo oriental, el sabio Baltasar, que decía: «¡Para obtener el milagro por el cual solicitamos todos los mortales favor y milagrería, hay que merecerlo!».

El milagro no es una gracia que se otorga por el mero hecho de nacer, sino que es indispensable creer en el milagro, merecer el milagro y no fiarse de los milagrismos de Herodes.

Y efectivamente quizá cuando menos lo esperaba el chico de la catequesis, se produjo el más enorme de los milagros de que dan cuenta los anales bíblicos:

- ¿Son ustedes los Reyes Magos?

- Somos los Reyes Magos, para adornar al Niño de la cuna y para servir a quien haga falta.

- Es que verá usted, señor Rey: Yo necesitaba un milagro.

- Claro y su compañero otro, y el de más allá, el negro, el tercero. Y los Reyes de Oriente no venimos a hacer milagros sino a pedirle al Niño, todo poderoso que nos conceda alguno de los milagros indispensables para poder vivir.

- ¿Es que por ventura no os satisface la forma de distribuir los denarios del actual alcalde pedáneo, que necesitáis enviar embajadas para obtener vuestra gracia?

- Ni gracia ni leche en vinagreta. Es que tal como este Niñato ha puesto el negocio de vivir, aquí no va a rebullir ni el gato, porque verá usted Don Baltasar, nos han subido las tarifas de todo, del pan, de la leche, del teléfono, de respirar, y la mayor parte de la población activa, está más parada que el servicio de jardines de la municipalidad. Y un milagro quizá, tal vez, quién sabe, podría salvarnos.

- ¿Y qué es lo que habéis hecho para merecer el milagro que pedís?

- Coña, don Baltasar, hemos vivido, mal, pero sin robar al prójimo y no como otros.

- Comprendo sus razones para limosnear, pero es la cuestión que nosotros los Reyes propiamente dichos, no hemos venido a satisfacer necesidades del cuerpo sino angustias del alma. ¿Tenéis vosotros angustias del alma? ¿Tenéis siquiera alma viva, solidaria y amiga del prójimo?

- Pues ¿qué quiere que le diga a usted, don Baltasar? A lo peor no. Y a nosotros sucede lo que a Santa Teresa de Jesús, a la que ustedes conocerán, que vivimos sin vivir. Pero seguro que moriremos si ustedes los Reyes que todo lo pueden no acuden en auxilio de unos cristianos que mueren de necesidad.

- Lo sentimos, pero no disponemos de milagros para solucionar crisis. ¿Por qué no se lo pedís a Solbes?

- ¿Es coña? Porque si no soluciona lo de la luz, que es lo que hay que ver, ¿cómo vamos a esperar que disponga de capacidad y de talentos para conjugar tantísimas necesidades como nos abruman?

- Pues no sabe usted lo que lo siento, pero no hay milagros económicos para salir de apuros.

- Joer, don Baltasar. Estamos perdidos.

- ¿Por qué no acudís a ese señor Zapatero, del que tanto se habla?

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