TRIBUNA | ÁNGEL ALONSO ÁLVAREZ
La Universidad y los cuernos de la crisis
DICE LA SABIDURÍA popular que «al toro por los cuernos». Cuanto más analizo las reacciones de los distintos profesionales que opinan o toman decisiones sobre la crisis económica, más me reafirmo en el convencimiento de que están intentando agarrar a la crisis por el rabo. Y cuanto más se le tire del rabo, mayor será el riesgo de que nos cornee, pudiendo producir lesiones graves. La Historia es elocuente y está llena de ilustraciones. El ciclo (crisis económica y/o social) -"(revuelta y/o revolución y/o guerra)-" (paz y armonía o sumisión) se ha repetido con mucha frecuencia.
¿Puede la crisis actual desembocar en una situación de conflictos serios? Eso será lo normal de acuerdo con las lecciones que imparte la Historia. Sin embargo también sabemos que la resultante de un conjunto de vectores puede cambiar su dirección si se aplican las fuerzas adecuadas en la dirección precisa. Para vencer al toro la experiencia dice que hay que cogerle por los cuernos. ¿Pero cuáles son los cuernos de la crisis?
En las últimas décadas el mundo se ha globalizado. Nunca antes se había producido una confrontación tan intensa de culturas y sistemas políticos. Además el crecimiento exponencial de Internet ha terminado de cambiar radicalmente l as reglas de juego. El medio ha cambiado, ha cambiado mucho, y las leyes de la evolución están dictando sentencias de forma implacable. Para ellas nadie tiene bula. Tendrán éxito los modelos sociales y económicos que mejor se adapten al nuevo medio y el resto entrarán en declive hasta desaparecer. No es un problema de buenos y malos es, sencillamente, una cuestión de mejor o peor adaptación, en una dinámica de cambio continuo.
En el nuevo escenario el primero en caer fue el modelo soviético. Ahora le ha tocado el turno al modelo americano. El llamado mundo occidental se ha quedado sin modelos de referencia. Hay mucho desconcierto. Las tensiones surgirán y existe una probabilidad alta de que el tránsito hacia un nuevo modelo, que se adapte mejor a la situación actual, será doloroso y salpicado de conflictos graves. ¿Podemos hacer algo para evitarlo?
Al menos tenemos la obligación de intentarlo. Si además lo conseguimos será extraordinario. Para ello es preciso superar la dinámica conflicto-agotamiento, vencedor-vencido, que ha caracterizado las transformaciones socioeconómicas tradicionalmente. Estamos en condiciones de introducir vectores intelectuales poderosos, con capacidad para contrarrestar las fuerzas, primarias, que han actuado hasta ahora. No será fácil, pero sí será apasionante. Tengo claro que cualquier reflexión intelectual sobre este tema, que no contemple las leyes de la evolución y la genética será inútil. El ser humano ha acelerado su dinámica evolutiva de forma exponencial en los últimos milenios, fundamentalmente a base de incrementar el conocimiento y la colaboración. Con la satisfacción de las necesidades básicas se han desarrollado sensibilidades y necesidades más evolucionadas. Cada día hay más personas cuyos objetivos vitales no se consiguen con parámetros del pasado. La actividad económica es uno de los ámbitos donde este cambio se nota de forma creciente.
Esta mos habituados a que el paradigma de la actividad económica sea «ganar dinero». Es el motor que mueve todo el sistema. Sin embargo «ganar dinero» es un objetivo que está dejando de ser atractivo para los seres humanos más evolucionados. Y mucho menos atractivo les resulta la jungla de desequilibrios, falsedades, ambiciones, traiciones y frivolidad en la que está inmerso el sistema para ganar dinero. Las consecuencias de esta realidad son muy graves. La gente con mayores niveles de responsabilidad individual se está inhibiendo, porque el sistema les repugna y como consecuencia las riendas han sido tomadas por personas con pocos escrúpulos, con poca responsabilidad y llenos de ambición y desequilibrios.
La acción intelectual a la que me refería antes puede hacerse formulando un cambio de paradigma. El nuevo paradigma tiene que conseguir entusiasmar a los más evolucionados, a los más responsables, para conseguir q ue estos cojan las riendas y aporten todo su enorme potencial de armonía y equilibrio. Entiendo que un objetivo, atractivo para ellos, puede ser «prestar servicios». En este caso «ganar dinero» deja de ser el objetivo para convertirse en un instrumento. El nuevo paradigma necesita dos escuderos, la responsabilidad individual y la transparencia.
Considero que Europa está en condiciones de asumir el liderazgo de este cambio. Tiene a favor su experiencia histórica, su estructura social y sus niveles de educación y sensibilidad. Europa está ante una gran oportunidad. Europa puede influir poderosamente en el mundo para salir de esta crisis sin demasiado sufrimiento, utilizando armamento intelectual. Pero para conseguirlo Europa tiene que mirar al futuro y olvidarse de los prejuicios del pasado. Europa necesita hacer unas «fallas intelectuales». Tiene que regenerarse intelectualmente. Es necesario digerir toda la ciencia creada durante los dos últimos siglos y usarla para planificar el futuro. Para conseguirlo Europa debe movilizar a su imponente infraestructura educativa, que es su mejor patrimonio. Pero tiene que movilizarla seduciéndola, nunca imponiendo. Si los profesionales de la educación asumen el nuevo paradigma y se lo inculcan a sus alumnos los efectos serán impresionantes. Lo más importante es que la responsabilidad individual se convierta en un valor con el más alto reconocimiento social y que el dinero vaya progresivamente dejando de ser un ídolo para ir convirtiéndose en un instrumento. Inculcar esto a las nuevas generaciones será el mejor patrimonio que podremos dejar para el futuro.
Pero, ¿quién da el primer paso? Entiendo que debe hacerlo la Universidad. La Universidad no puede inhibirse y mirar para otro lado. La situación es lo suficientemente seria como para asumir la máxima responsabilidad y compromiso. La Universidad tiene que asumir el liderazgo intelectual de este proceso y provocar un debate que genere entusiasmo en la sociedad. En estos momentos la sociedad necesita referentes y la Universidad tiene que ser uno de ellos.