EL CORRO | PEDRO VICENTE
Pensadores oficiales
DESPUÉS del fiasco de la cacareada «Marca Castilla y León» -asunto aparcado, si es que no congelado, después de tener que dejar desierto el concurso convocado al efecto- la mediática Consejería de la Presidencia de la Junta ha lanzado otra de sus ocurrentes iniciativas: el llamado «Banco de Pensadores de Castilla y León».
Consiste en un grupo de trabajo dedicado a la reflexión y el debate sobre los principales problemas y retos de Castilla y León, con el objetivo de formular propuestas que puedan contribuir a mejorar las políticas publicas en la Comunidad. La idea de crear este pretendido «laboratorio de ideas» es inobjetable, yo diría que hasta oportuna, habida cuenta tanto de los problemas y carencias estructurales de la Autonomía de Castilla y León como de la falta de respuesta eficaz a los mismos por parte de las instituciones autonómicas.
El problema es que la credibilidad del invento está viciada de origen por la forma en que se ha gestado y constituido. Un grupo de trabajo con esos objetivos debería ser un foro abierto e independiente de cualquier institución, expresión inequívoca de la sociedad civil. Aunque dispusiera de apoyo oficial, dicha independencia habría de estar completamente preservada, lo que no ocurre en este caso, no sólo por su adscripción a una Consejería, sino por el nombramiento a dedo por la Junta de sus componentes, doce elegidos que algunos medios han elevado ya a la categoría de «sabios».
No evocaré yo aquí aquella famosa sentencia de Unamuno sobre «El Pensa miento navarro», el pe riódico carlista del que el gran pensador vasco afirmó que su propio nombre era una contradicción. Pero con todo el respeto que merecen los doce designados -entre los que figura, incomprensiblemente, un procurador del grupo popular- lo que conforman es un grupo cerrado más parecido a una especie de consejo asesor de la Junta que a un verdadero foro de pensamiento abierto e independiente.
La agenda de trabajo que han fijado (se ignora si ellos solos o por sugerencia de su mentor, el consejero De Santiago-Juárez) no es de las que se despachan en cuatro ratos libres. Para empezar -ahí es nada- van a reflexionar sobre «la identidad de Castilla y León como estrategia de futuro». Esto sí que es hacer de un reto de la Comunidad todo un reto intelectual. Menos mal que cuando lo tengan claro convocarán un foro abierto. Después, les esperan otros tres retos no menos peliagudos: «Creatividad, innovación y atractivo territorial», «Regulación, intervención administrativa y competitividad» y «Proyección exterior de Castilla y León». Por fortuna, a los doce elegidos (por cierto nueve hombres y tres mujeres) no les ha dado por ponerse a reflexionar sobre el papel de las Cajas de Ahorro, las energías renovables, la despoblación rural, los desequilibrios territoriales o el desarrollo sostenible, con lo cual ellos mismos sin duda se ahorrarán incomodas situaciones. Y esto ocurre sin que nadie eche en falta en esta Comunidad Autónoma un Plan integral de Desarrollo, que es de lo que carece Castilla y León desde hace 20 años y cuya inexistencia ha impedido superar unas deficiencias estructurales casi endémicas.