MAR DE FONDO | CARMEN TAPIA
Negro sobre blanco
EL MUNDO miraba ayer a un hombre. Nadie quiso perderse la toma de posesión de Barack Obama. Ha nacido un nuevo líder y cumple todos los requisitos para encender la chispa de la ilusión en este mundo ahora más necesitado de respuestas. Es joven, entusiasta y encarna el sueño americano por su origen humilde. Y ha logrado lo que hasta ahora era imposible: que un hombre de raza negra se siente en el despacho oval, en una casa blanca, donde, hasta ahora, el hombre blanco ha dominado el mundo. Obama da un giro no sólo a la historia, sino que hace realidad un sueño, el de que otro mundo es posible. Lástima que, desde el principio y hasta el final, las políticas están atadas y bien atadas antes de empezar, los políticos no son libres para elegir. El pueblo americano ha encumbrado a un nuevo líder para planificar las políticas que pueden cambiar el futuro de este mundo globalizado. ¿Podrá Obama con esta empresa? Ojalá el nuevo presidente americano consiga llevar adelante sus promesas. La emoción con la que millones de personas siguieron ayer la toma de posesión del líder mundial sólo es comparable con el hartazgo y la decepción de las políticas emprendidas hasta ahora por otros políticos, con resultados decepcionantes, que a su vez fueron vitoreados y que también encendieron la llama de una ilusión efímera en su momento. Académicos e historiadores recuerdan también que ningún poder tiende a compartir fácilmente sus prerrogativas. No sólo el pueblo americano espera cambios. El mundo está pendiente de Obama y ha volcado en él una ilusión, una esperanza de acabar con dos guerras abiertas y una grave crisis económica, unos desafíos tan serios como pocas generaciones han tenido que afrontar.