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CARLOS CARNICERO
León

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LOS TERREMOTOS se referencian a la escala de Richter para determinar su magnitud en honor del sismólogo norteamericano Charles Richter. Hasta ahora el mayor movimiento de tierras se produjo en la ciudad de Valdivia, Chile, en el año 1960. Pero la escala tiene todavía recorrido hasta la magnitud 12,0 en la cual, según los cálculos de los estudiosos de la sismografía, determinaría que realmente la tierra se estuviera partiendo por el centro.

En la Comunidad de Madrid hay movimientos sísmicos profundos y sucesivamente van subiendo de calibre en la peculiar escala de Richter que tiene la política. En el epicentro siempre está Esperanza Aguirre. Ahora debiera tener cuidado porque puede llegar a la magnitud 12,0 y partirse por el medio su futuro político, ese para el que perfila tantas y tantan ambiciones personales, incluso las más altas.

Alguien debió decirle a esta política madrileña hace tiempo que tenía todo el futuro por delante cuando creía que Saramago era una mujer experta en el arte del houdinismo. Desde entonces no ha parado de crecer políticamente con un desparpajo y una inteligencia natural que ha compensado con creces sus limitaciones intelectuales y su manifiesta falta de preparación.

Ahora tiene una pila de escándalos acumulados a los que mediante la técnica de no reconocer su existencia ha conseguido eludir, gracias sobre todo a la mediocridad de la oposición política que ha tenido enfrente desde que ella misma accedió al poder.

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Al Tamayazo sucedió una utilización de la televisión pública que deja en mantillas los manejos de Luis Fernández y sus amigos de La Sexta en los reiterados intentos de hundir al Grupo Prisa. Lo que está ocurriendo en Caja Madrid en los momentos de la crisis económica más grave de la que se tiene memoria es realmente para la antología de la irresponsabilidad política. Y para seguir recorriendo parámetros en la escala de Richter, Esperanza Aguirre tiene el escándalo del espionaje político a sus compañeros de partido. Yo diría que el gobierno de la Comunidad de Madrid está en el grado 9,6 de la escala política de Richter. El que alcanzó el terremoto de Valdivia, el más intenso del que se tiene conocimiento. Ya casi no le queda margen para que su punto de apoyo se parta por el centro: conviene recordar que la sismografía sólo contempla hasta la magnitud 12,0. Luego, el mundo se acaba.