LA OPINIÓN DEL LECTOR
Una cirugía respetuosa
Con razón se habla hoy, en esta época de gran avance tecnológico, de la necesidad de humanizar la medicina dando desarrollo a los rasgos de conducta médica que mejor respondan a la dignidad de la persona enferma a la que se presta servicio. La misión específica que cualifica su profesión médica y quirúrgica la constituye la repercusión de tres objetivos: curar a la persona enferma o, por lo menos, intentar influir de manera eficaz en la evolución de su enfermedad; aliviar los síntomas dolorosos que la acompañan, sobre todo cuando se encuentra ya en fase avanzada; hacerse cargo de la persona enferma con todas sus expectativas humanas. En el pasado, cuando no se lograba detener el avance del mal y menos aún curarlo, frecuentemente la medicina se conformaba con aliviar el sufrimiento de la persona enferma. Durante el siglo pasado, los avances de la ciencia y de la técnica quirúrgica permitieron ya intervenir con éxito creciente en las vicisitudes del enfermo. De esta forma, la curación, que anteriormente en muchos casos era sólo una posibilidad marginal, es hoy en día una perspectiva normalmente viable, hasta el punto de atraer sobre sí la atención casi exclusiva de la medicina contemporánea. Pero de este planteamiento nace un nuevo riesgo: el de abandonar al paciente una vez comprobada la imposibilidad de alcanzar resultados apreciables. Por el contrario, incluso cuando la curación ya no es viable, mucho es lo que se puede hacer por el enfermo. Se puede aliviar su sufrimiento, y sobre todo acompañarlo en su camino, mejorando en la medida de lo posible su calidad de vida. No cabe subestimar esta posibilidad, ya que cada paciente, también es incurable, lleva en sí un valor incondicional, una dignidad a la que honrar, que constituyen el fundamento irrenunciable de toda acción médica. Y es que el respeto a la dignidad humana exige respeto incondicional por cada ser humano, nacido o no nacido, sano o enfermo, cualquiera que sea la situación en que se encuentre. Desde esta perspectiva, debe adquirir una relevancia primaria la relación de confianza mútua que se ha de establecer entre el médico y el enfermo. Gracias a esa relación de confianza, el médico, escuchando al paciente, puede reconstruir su historial clínico y comprender cómo vive su enfermedad. Anatolio Calle Juárez (Navatejera).