TRIBUNA
Intifada poética
EL AGUA DE LEÓN es de las mejores del mundo. Una perita en dulce para cualquier empresa que tome la gestión del servicio de Aguas de la capital leonesa, normalmente transnacionales que también envasan. Que beban el agua en el mundo entero pero que se beneficien los leoneses y no unos cuantos accionistas que ya están frotándose las manos ante los pingües emolumentos que obtendrán a costa de la ciudadanía que mantiene, a su pesar, un ayuntamiento que ha soportado tanto desmán. Y que ahora ya no puede permitir más. La calle intuye que esta aprobación municipal de semiprivatización no sólo no es moral sino que, tal como se ha planteado, puede ser ilegal. Siempre hay más opciones. Pero con ser indigno faltar a las promesas electorales, que el alcalde leonés pretende justificar con la imprevista crisis económica, hay algo que sobrepasa esa indignidad y atenta contra la propia esencia del ser humano. Es su aberrante actitud, cargando policial y desproporcionadamente contra un poeta que recitaba unos versos en el pleno en que se debatió la polémica votación. Escritor leonés que, además, representa el sentir más genuino de la mayoría de las asociaciones vecinales y de distintas organizaciones y fuerzas vivas de la ciudad. El desaforado primer edil golpeó sin miramientos a todos y cada uno de los contribuyentes y no ha respetado ni a sus propios votantes.
Respeto viene del spectare latino, «mirar por». ¿Quién mira por los que pagan y mantienen el palacio municipal, los ciudadanos? Ni siquiera los propios funcionarios y empleados, varios despedidos y expulsados, se sienten respetados. Son meridianas las quejas del sindicato de funcionarios, entre otros muchos otros grupos sindicales y sociales. Demasiados para no presentar la honorable dimisión antes de verse obligado inexorablemente. Quizá algunos ediles del equipo de gobierno no merecen ese respeto etimológico tampoco.
Se justificaba su máximo responsable, Francisco Fernández, con la curiosa ocurrencia de que él no era del oráculo de Delfos para vaticinar la crisis, burlándose de paso un poco de los videntes (algunos más eficaces a veces que psicólogos y asesores financieros), crisis mundial que poco o nada tiene que ver en la abultada deuda municipal que se arrastra años antes y que ha ido engrosándose con cada nuevo grupo político que ha accedido a las riendas de la institución. Del mismo modo se le puede replicar que el Cosmos devuelve lo que se provoca. El aforismo de que Roma no paga a traidores será un augurio propicio en este grave y descomunal ensoberbecimiento de la primera autoridad local. La mar, lorquiana y asombrosamente, vuelve «río arriba buscando fuente donde descansar», así los poetas del mundo entero, acudid al norte de España, atravesad ríos y montañas y desembocad en León con la emoción musical de la palabra. Rimad vuestros versos con el agua purísima de León. Porque es un bien más preciado que el oro, que el petróleo y, poetas, nos la quieren vender.
Igual que todos nacemos en cualquier lugar, el agua sana de cualquier parte del mundo es todos y cada uno de los más de seis mil millones que habitamos el planeta. No de unos pocos, como pretenden. El agua, ni tuya ni mía: de todos. Nuestra. De la urbe y del orbe. Bendigamos así, poetas del mundo, el agua. Bendita agua. Y salvemos la dignidad humana. Por la integridad del propio ser humano. A ti, poeta de cualquier rincón del orbe, que sabes de vida y belleza, que miras y cantas al agua y a la Naturaleza, al amor y a la vida buena, acércate hoy domingo 1 de febrero de 2009 a León y cántalo en las fuentes con la intifada poética esparcida por el mundo. Intifada poética, en este caso, a favor del agua pública de León, de que el agua siendo ciudadana. Es lucha internacional contra el genocidio y la injusticia y también, ¿por qué no?, a favor del agua para todos, previniendo las guerras futuras por dominar la propiedad del líquido elemento, verdadero oro del siglo XXI.
El modelo de capitalismo codicioso está agotado. Ahora le toca el turno a nuevas formas sociales y a una poesía civil y práctica, que el planeta no está para líricas acomodadas ni para cruzarse de brazos mientras tantos seres humanos padecen las tropelías del hambre, de la sed y del lobo que es el hombre para el hombre. La intifada poética es un recurso mágico, un grito artístico popular, la plasticidad de una inmensa minoría que creamos y repetimos en cada punto del mundo y allí donde los poderosos indignos implantan subrepticiamente la indignidad contra el propio ser humano.
Durante la investidura de Obama una poetisa recitó un poema que el mundo escuchó con respeto; en cambio el flamante alcalde de León expulsó al artista que declamaba sus versos más que con cajas destempladas, con mano dura, y prepotente (cinco fornidos agentes) carga policial. Al pueblo del agua clara, una de las mejores del mundo, donde el agua es un lujo de calidad insuperable, donde el oro es el agua, al León que ya no le quedará nada para vender, a todos, a los niños que en el sur tienen sed, a todos y por todos, porque es una causa benefactora universal, os convocamos y esperamos en la Fuente de Guzmán hoy a las doce de la mañana.
Una aventura más de la intifada poética internacional, una acción altruista por la defensa de los principios naturales de la vida y de los niños, niñas, mujeres y hombres de vida buena y honesta que pueblan este planeta en franco restablecimiento ecológico y humanístico, pero en el que aún tantos de sus habitantes sufren tantas situaciones inicuas. Por la dignidad y porque el sur también existe, tanto allí como aquí. Hoy, como nunca, la humanidad necesita poesía. Galoparemos albertianamente como rapsodas sobre el caballo cuatralbo de la verdadera libertad, que no es la del dinero, y-¦ a enterrarlos en el mar. Enterrar el dinero acumulado de unos pocos peces gordos que pisan con sus botas de oro sobre todos los demás. Esta crisis es una oportunidad para ser ecuánimes, para repartir mejor los bienes. La libertad del género humano está amenazada, pero «no hay nadie enfrente, que es nadie la muerte» si va en la montura de la poesía, jinetes del pueblo, que la Tierra es nuestra. «A galopar, a galopar hasta enterrarlos en el mar». Un huracán de sensibilidad espera nueva oportunidad en León a través del arte de la palabra. Sepamos extraer y apreciar el verdadero interior sentimental y vital de las gentes nobles y de buen vivir. Porque la política es una constante persistente en nuestra vida, poeticemos la vida y la política.