CRÉMER CONTRA CRÉMER | VICTORIANO CRÉMER
Bajo el efecto de Obama
EL SEÑOR jefe de la gobernación de la Península Ibérica y sus alfoces islotes asegura que el efecto Obama impulsará el diálogo político e institucional con los Estados Unidos.
Y ello ha logrado extender por toda la península un clamor de esperanza.
Se espera, no diremos que con el alma en la mano pero sí en el pensamiento que si los americanos dan con el resorte y los dineros del mundo tomaran rumbos cicaceros y a lo mejor, quién sabe nos toca algo en el reparto. ¿Porque habrá reparto, no?
Mientras el señor Obama pone en orden los cacharros de la casa y coloca en su sitio a cada uno de sus colaboradores, nosotros andamos enredados en borrascosos vientos electorales, por si cambiamos o no la ruta que doña Isabel Carrasco ha venido imponiendo a la Corporación. Y se producirán elecciones, si no de tanto empaque como las de los Estados Unidos para meter en la Casa Blanca a su negro más ilustre, sí a un político noblemente ambicioso que aspira a ocupar el puesto que piensa que se le reserva al que en nombre de los compañeros de la dulce presidenta actual tiene la intención de mandarla al retiro político.
Lo que posiblemente para espíritus débiles y poco dados a la pelea, el propósito del novel candidato podrá parecer escasamente ético dado que se trata de dejar en la calle a una dama que nos merece todos los respetos y miramientos. Pero el señor Tejerina, que es a quien le acomete el impulso renovador piensa, digo yo, que esto es una democracia aunque a veces no lo parezca y que tanto derecho tiene el señor Tejerina a presentarse a ocupar el estrado presidencial de la Excelentísima, como la todavía presidenta de la Casa. Y sin más preámbulos se ha echado a la calle y ha intentado imponer su sello de candidato. Se anuncian, pues, sucesos que habrán de provocar cuestionamientos difíciles, como si León no tuviera bastante con el brumoso pleito de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad, que no sabe nadie cómo va a quedar después de los consiguientes plenarios en cada uno de los cuales aparece un novísimo director de orquesta.
Unos para que la Caja España del bisonte se avenga a formar un conjunto homogéneo pero más o menos en manos de Valladolid y otra la que se obstina en mantener el deseo de que la base de la entidad sea dirigida desde Ordoño II, rey leonés con todos los derechos dicen y con toda la barba.
Y retenido queda en Barajas y sus aviones nada menos que el hijo de Osama Bin Laden, al cual se le ha ocurrido la idea de solicitar permiso para residir en la España que asaltaron sus huestes dedicadas al crimen.
El señor Rubalcaba, que las ve venir, ha dicho que no y ahí tiene la historia con este episodio entre grotesco y teatral. Al final el hijo peregrino del rey de la guerra universal terminará por ser acogido por el presidente francés, señor Sarkozy. Que sea para bien. Y nosotros, a lo nuestro.