TRIBUNA | miguel ángel gonzález rodríguez

Plan A, Plan B y ahora el Plan E

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León

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NUESTRO MINISTRO de Economía ha explotado definitivamente, al fin hay crisis y de las gordas, que no esperemos que se solucione en el 2009, veremos si será en el 2010, pero por si acaso casi seguro que en el 2012 crearemos empleo. No se puede hacer más. Se ha hecho todo lo posible y lo posible no ha sido suficiente, a partir de ahora ustedes sabrán-¦ ¡Ahí queda eso!

Todo comenzó así: para no infectar a la sociedad con la idea que por cierto, ya tenía de crisis, el Gobierno se centró en los problemas financieros, que a fin de cuentas tenían escala mundial, en nada achacable a su gestión. Después de tratar de mantener la confianza en el sistema bancario mediante una serie de medidas, como ampliar la garantía de depósitos a límites que se escapan a toda lógica, sobre todo teniendo en cuenta la tan cacareada «buena salud de nuestro sistema financiero». Después de buscar mayor liquidez en el mercado financiero con la compra de activos «tóxicos de las entidades» e incluso avalando nuevas emisiones bancarias para hacer frente sus pagos del año 2009. Y siempre con el mismo éxito, es decir ninguno.

Después de todo eso, con la alegría y la complacencia del trabajo bien hecho, ahora toca detener la virulencia de la crisis que nos azota y que ya no puede ser disimulada, porque se traduce en 300 parados a la hora. Para ello ha diseñado un Plan valorado en 11.000 millones de ¥ , el 1,1% de PIB, dividido en dos programas uno de 8.000 millones para entes locales y otro de 3.000 más para sectores necesitados. El objetivo de este paquete es, como siempre en política, cortoplacista, efectista, de pocos resultados positivos a corto plazo y muchos negativos a medio y largo plazo, vamos la manzana de Blancanieves. Aunque desde su enfoque y llegado ese momento, el presidente ya será otro, que le tocará lidiar con ese recado, así que ¡que se preocupe él y los que vengan! En resumen, el objetivo es dar trabajo a 200.000 desempleados desde abril del 2009 hasta marzo del 2010 (luego veremos si escampa), y de esa manera, cortar la terrible situación que viven más de tres millones de personas y así tratar de suavizar el descalabro que sería llegar a cuatro. Para ello se reparte ese importe entre todos los ayuntamientos «a pochas» diríamos coloquialmente, según número de habitantes, para la financiación de los proyectos que consideren necesarios y fundamentales para su desarrollo. Pero, ¡qué proyectos, Dios mío! Para remodelación de iglesias, mantenimiento de edificios municipales, de monumentos; escuelas, cementerios, instalaciones deportivas, gimnasios, spas, parques, zonas recreativas, bares y restaurantes y sobre todo asfaltado de calles. Por poner algunos ejemplos, Villamuriel del Cerrato (Palencia) va a recibir 40,000 ¥ para fosas prefabricadas en su cementerio, otros ayuntamientos son más explícitos y solicitan 18 panteones, 5 sepulturas y nichos por 78.000 euros como en Montilla (Córdoba) o un velatorio en Aldehuela de Jerte (Cáceres). Santander, pide 400.000 ¥ para «luces de peatones de cuenta atrás» y Torrelavega 1,2 millones para la segunda fase de la hemeroteca. En Cuenca, el regidor de Valdemeca pide 23.000 ¥ para un ¥ refugio de barbacoas y Grañen (Huesca), 52.300 para un reloj solar. La hierba artificial tiene un importante atractivo inversor no sé si productivo: Elche gastará casi 4 millones de euros, Terrassa 2,3 y Murcia 5,8. Los 3.900 habitantes de Villamalea (Albacete) tendrán 2 pistas de pádel y dos de tenis por 35.000 euros, Don Benito (Badajoz) las prefiere cubiertas y gasta en ello 95.000 ¥ . ¿Es o no es un dislate? En Valencia piden 50.000 para en tres colegios evitar la contaminación acústica. En Sahagún 161.700 para la remodelación del coso taurino. Badalona pide 176.000 para un área de perros. Y así un listado interminable. ¿Y esto va a crear 200.000 puestos de trabajo? Este dinero sólo servirá para sostener el empleo a corto plazo mediante contratos de obra, que difícilmente redundará más allá del periodo que dure.

Como viene siendo habitual en el tratamiento de la crisis por nuestros políticos, la imprevisión es manifiesta, los ayuntamientos en tan corto espacio de tiempo no pueden diseñar grandes proyectos, ni por posibilidades de recursos, ni por el importe que les corresponde ya que la dispersión es enorme. Lo que sí hacen es algo muy político y nada económico, si hay dinero, gastarlo: presentar cualquier proyecto precipitadamente y luego ya veremos. Al final si sale bien, por nosotros, sino, son los proyectos presentados ¡Qué facilidad tiene este gobierno para pasar la responsabilidad a otros! En este caso los ayuntamientos. ¿Cómo podemos exigirles a estos un enfoque generalista del problema, cuando están atados a su limitado horizonte competencial? ¿Dónde está la gestión del Gobierno y su responsabilidad? ¿Y la de las autonomías?

Puede razonarse que el plan previsto por el Estado está basado en las teorías anticíclicas keynesianas para animar la demanda agregada mediante el incremento del gasto público, que tira de la producción y el empleo y así poner de nuevo en marcha la bicicleta del crecimiento. Pero las propuestas presentadas no parecer ir por ahí, más bien reflejan una política económica muy poco seria, chapucera, siempre arrastras de lo que sucede en la realidad. No hay más que echar un vistazo a los proyectos presentados para darse cuenta de la inutilidad de este esfuerzo, que pone en tela de juicio la salud financiera del país, elevando el déficit público más allá del 6% (el doble de lo permitido por la EU) y con ello nuestro volumen de deuda, que tarde o temprano hay que devolver, recortando nuestras futuras posibilidades de gasto público. Y lo verdaderamente grave es que estamos gastando el dinero de nuestros hijos y nuestros nietos. Cualquier familia espera dejar a sus descendientes una situación mejor que la que encontró, en la actualidad ellos son los que pagarán nuestros desórdenes y nuestro despilfarro. ¿Es justo?

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Y siendo tan trascendente la decisión de endeudarse, cuanto menos parece poco lógica la forma de hacerlo. Al precio del dinero actual, no ya por el tipo de interés, sino por la disponibilidad de liquidez de los mercados, que tiende a cero, cualquier euro invertido ha de responder a un estímulo productivo que permita su autofinanciación junto con la colaboración del esfuerzo privado. Es decir buscar la productividad del gasto público atrayendo al sector privado en su desarrollo. Se trata de enfocar el esfuerzo público en aquellos proyectos importantes para el futuro que sirvan de impulsores del desarrollo económico, que tiren del PIB.