Diario de León
Publicado por
MIGUEL A. VARELA
León

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PRIMERO fue un libro difícil de clasificar: no es una novela, aunque buena parte de las tramas que atraviesan sus páginas darían para ello, ni un ensayo, pese a que su lectura hace un diagnóstico certero y despiadado de uno de los países miembros del hasta hace poco todopoderoso G8. El autor denomina «novela de no ficción» a Gomorra , una especie de reportaje periodístico que se ha convertido en un éxito de ventas mundial, ha condenado a Roberto Saviano a vivir oculto y perseguido y se ha transformado en obra de teatro y en una película estremecedora, de aire documental, que conviene ver en versión original para escuchar ese italiano del sur que, dicen, suena al español de Buenos Aires. Gomorra no es sólo un viaje al imperio empresarial y delictivo de la Camorra desde un punto de vista radicalmente alejado de la épica dramática de Hollywood, sino el retrato moral de un país podrido hasta la médula donde negocio y delincuencia son si-nónimos y el Estado ha sido sustituido por una compleja e indestructible estructura criminal de temibles y poderosos tentáculos. Alguno de ellos, ha reiterado Saviano, hace tiempo que se han instalado en España, al calor de estos años de vacas lustrosas, elegantes y bigotudas en los que todos éramos ricos. Italia ha aprendido a vivir en ese fango, amortiguado por oraciones y caballeros engominados que sueltan coces con impecable sonrisa inmaculada, improvisan leyes para impedir el descanso de una joven muerta y buscan culpables de su decadencia en las caras hambrientas que han cruzado el mar en una cruz de palo. Pero no debemos preocuparnos: todo eso ocurre en otro país que no conoce ese producto de la retranca gallega que dice que al que se hace rico en un año habría que haberlo colgado doce meses antes. Gomorra existe, sí, pero lo hemos situado en un país lejano como la Dinamarca de Hamlet o el Nápoles de Saviano.

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