CRÉMER CONTRA CRÉMER | VICTORIANO CRÉMER
La robótica y el agua municipal
¡YA LO SÉ YO y también sé que lo sabe el común de vecinos, pero no puedo resistir a la tentación de inscribir en mi Cuaderno de peregrinación las claras señales de la moda: Nos encontramos, señoras y señores de la sala, ante la sugestión de la Robótica, que pienso, en mi ignorancia, que se trata de la construcción técnica de un robot o instrumento o juguete científico mediante el cual el pobre hombre de nuestro tiempo supone que acabará por dominar todos los medios de investigación y de superación de productos eminentemente científicos.
Si ya hemos alcanzado la posibilidad de proporcionar a la humanidad seres tan delicados como la oveja Dolly o como la niña de la vecina, mediante un embarazo técnico, no vamos a poner en duda los efectos de la robótica como instrumento complementario de la vida moderna.
Si estamos siendo llamados por la filosofía dogmática de la Cienciología, tampoco vamos a borrar de nuestra agenda la posibilidad de que la existencia de Dios o su análisis en lugar de constituir un sentimiento entre mágico y científico de la existencia del Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, sean motivo de publicidad en autobuses o en carros de bueyes.
La Robótica, pues, es una ciencia que acabará por imponerse como insustituible instrumento para dirimir los pleitos de la vida universal. Por ejemplo, la guerra de Palestinos y Judíos en Gaza y la exacerbación de los instintos de destrucción del tenido por hombre civilizado para aniquilarse entre sí.
Cuando el actor cinematográfico proclamó su adscripción a la Cienciología, nunca soñó con que le serviría para mucho, lo mismo que tal vez le está sucediendo al presidente de la República israelita, siempre atento a todos los movimientos de sus vecinos para evitar que se les metan por las resquebraduras de sus fronteras.
Son estas señales fehacientes de que el mundo, nuestro mundo, se encuentra en estado de parteamiento de nuevos objetivos.
Y paralelamente a la aparición de múltiples robots como para demostrar no ya el ingenio, sino la capacidad científica del ser humano para instrumentar su propia destrucción, los Centros de operaciones, que son los Gobiernos nacionales, las asociaciones provinciales y ya más directamente y más peligrosos, los Ayuntamientos, por los que se rigen los pueblos, que es el verdadero instrumento robotizado de la actualidad, en lugar de dedicar esfuerzos y dineros a satisfacer las necesidades del ciudadano, del vecino, del contribuyente, y sin consultar con la cienciología, decretan por sí y ante sí, sin consultar ya digo con el obispo, el aumento de las tarifas. Y para que nuestra sed de pan y de justicia no se quebrante piensa en privatizar el agua. El agua nada menos, señoras y señores, el agua que es el producto de la madre tierra que los dioses dispusieron gratuitamente por fuentes y pozos para saciar la sequedad espiritual y cultural de las generaciones.
Esta amenaza viene a ser algo parecido como la utilización de la bomba de destrucción masiva de los «tres tenorinos» que nos condujo a la general matanza y que hoy, en tiempo de crisis exacerbada» servirá para la destrucción lenta pero segura de los contribuyentes.
Y esto no es cuestión de la robótica sino del espíritu depredador que promueve tan bárbara decisión. Mediante esta medida los pobres seremos más pobres y los concejales y alcaldes más ricos.