CRÓNICA SEMANAL | MANUEL CAMPO VIDAL
Euskadi y Galicia, necesitarán penaltis
SI LAS encuestas no se equivocan -”las publicadas y las que se susurran-” el resultado de las elecciones gallegas y vascas está tan ajustado que se puede decidir a penaltis, y con la prórroga de la emigración. Hay gallegos en América y en Suiza pero tambien vascos en Benidorm y Andalucía, exiliados o hartos del nacionalismo extremista. Habrá tal emoción en el recuento, que un aguacero de más o unas deserciones imprevistas pueden decidir un diputado y dar un vuelco. El alcalde de Mérida, el socialista Angel Calle, vive esa incertidumbre con angustia solidaria: «Es que yo perdí la alcaldía en la legislatura anterior por ciento siete votos. Sé lo que duele». Por eso los candidatos y sus estrellas de apoyo -”de Rajoy a Zapatero y de Pepe Blanco a Ruiz Gallardón-” han peleado voto a voto.
Es la primera vez en España que coinciden dos elecciones en comunidades históricas y, además, casi nunca el telón de fondo de la política nacional fue tan relevante. Cierto que las investigaciones de los supuestos casos de corrupción y espionaje en Madrid y Valencia han entrado poco en la campaña. Pero torpezas varias y su utilización mediática han creado cortinas de humo sucesivas para tapar líos de unos y otros, desde cacerías imprudentes a paseos en yate de lujo, pasando por declaraciones a Hacienda inexistentes de pagos procedentes de un paraiso fiscal. Y desmesuras verbales de Baltar que perjudican sobre todo a los suyos. Un vértigo de noticias agotador que ha desviado la atención de los problemas de Galicia, de Euskadi y de España.
Sea cual sea el resultado, ya sabemos que esta campaña será estudiada como algo inédito y un tanto surrealista. Un ejemplo: lo habitual sería que hubieran debates televisados, sobre todo después de recuperarlos con el cara a cara Zapatero-Rajoy hace un año. ¿Recuerdan que Fraga aceptó un debate con Sánchez Presedo cinco meses despues del Felipe González- Aznar, aunque por una sola vez y nunca más?. Pues no ha habido ahora debate en Galicia ni a dos, ni a tres. Pero sí a tres a escala provincial, lo que no deja de ser un contrasentido. Y en Euskadi debate televisado sí, pero con siete candidatos a la vez. O sea, en vez de un cara a cara, el orfeón donostiarra.
En vez de debates, un rosario de culebrones de pequeños supuestos escándalos, unos más ciertos y otros bastante menos, que han sido mal respondidos, por lo general, por los afectados. Solo en los últimos días se ha intentado combatir el chapapote informativo.
En los partidos se ultiman a estas horas dos discursos contrapuestos para la próxima madrugada: uno por si se gana y otro por si se pierde. Se admiten apuestas sobre el contenido del segundo. Seguro que contiene la frase habitual de «no hemos sabido comunicar nuestro programa, o nuestros logros» y además, en este caso, «no supimos comunicar a tiempo que no eran ciertas aquellas acusaciones vertidas por nuestros adversarios».
Pero hay algo más: esta campaña ha tenido algo de «primarias por si acaso» en el Partido Popular. Pase lo que pase en Galicia y Euskadi, Rajoy ha trabajado a destajo y Alberto Ruiz Gallardón sin descanso. Y atención a las ausencias: casi nadie ha reclamado a Esperanza Aguirre, aunque estuvo al principio en Euskadi. Eso recuerda la campaña nacional de 2008 cuando un colaborador directo de Rajoy confesaba: «Nadie nos pide a Acebes y a Rajoy para que vayan a su provincia, así que torean en plazas de tercera».
Mañana será otro día, pero no un día cualquiera. Nadie podrá negar que Rajoy no ha peleado duro en las parroquias, que Pepe Blanco tuvo que acudir a salvar los muebles y Zapatero a mover abstencionistas; Ruiz Gallardón estará más fuerte que antes y Esperanza más desaparecida, por no hablar del valenciano Francisco Camps. Alguien más, por si acaso, ha tomado posiciones para el futuro: el mismísimo Rodrigo Rato que hoy está como interventor voluntario en algunas mesas electorales de Guipuzcoa, hecho presentado por la prensa afín como una heroicidad. Nadie podrá decir que esta ha sido un campaña más. Los expertos tienen un material excepcional para analizar.