Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER | VICTORIANO CRÉMER

Todos somos leoneses del año

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VICTORIANO CRÉMER
León

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TODOS SOMOS LEONESES del año. Como todos los que habitamos en la Península, incluyendo a los depositados por el oleaje de la crisis en la Ciudad de los Guzmanes y de los Sueros, somos españoles, con papeles y sin ellos, mientras vivan a nuestra sombra, buena o mala, y mantengan voluntad de unirse a los censados desde los fenicios.

Y no es porque leonés lo sea cualquiera, que no todos los que aparecen en el censo, lo son. Para ser leonés, como para ser asturiano, se supone que deberá ser más o menos exigido vivir en León, en la tierra hispánica y naturalmente hablar en español.

También se puede considerar todo aquel que sin hablar exactamente español, se empeñen en seguir hablando el «lionés» como lengua histórica y en ciertas ocasiones, hasta histérica y rentable.

Yo también, en una fecha no incluida en los archivos, pero cierta, yo también, repito, fui nombrado leonés del año.

Para alcanzar tan preciado título, me fue exigido vivir y convivir históricamente en la parte proporcional del Viejo Reino que me correspondiera.

Y cuando cumplí los ciento y pico de años en nómina y en el curro, sin dejar un día, se me llamó a capítulo y se me anunció que por un grupo selecto de leoneses de nacencia había sido el que hoy suscribe la presente comunicación «Leonés del año».

En la actualidad debemos andar por los ochenta o más leoneses del año, con su título bajo el brazo y se ha comprobado que cerca de otros sesenta ciudadanos contribuyentes, forman cola para conseguir ser distinguidos con tan preciado título. ¡Que continúe siendo para bien!

En el año, no por cierto demasiado solidario ni feliz, de 2008, visto y no visto, fue requerido para que aceptara la inclusión real de Leonés del Año el berciano, no sé si de Cacabelos o de Villafranca, don José Luis Prada («Prada a tope»), con cuya inscripción en la lista se completa ésta precisamente con un personaje digno de atención, de admiración y de voluntad de vida.

Y yo no digo que los demás de los que figuramos en la gran lista, no seamos tan dignos, tan laboriosos y tan admirables como el compañero y amigo señor Prada, es que entre los personales y personajillos que fuerzan por imponerse en el área de los distinguidos por sus méritos, no todos resultan asequibles para establecerse en la pizarra de los superiores.

Por lo regular la población de leoneses se compone de gente pobre pero honrada y lista pero desalentada. Y para leonés del año, según la fórmula establecida, tienen que darse otros méritos.

Estamos precisamente en un tiempo dramático de exigencias y necesitamos hombres que en un alarde de sacrificio sean como este Leonés del año 2008...

Y a mí, no sé por qué, se me antoja que don Juan José Prada («Prada a tope») puede servirnos de ejemplo y de corrección ante tantísimo leonés de pega, de ficción y de mentira, que no son ni lo uno ni lo otro, sino precisamente todo lo contrario. ¡Enhorabuena!

Ser leonés a secas ya es un motivo de orgullo, pero ser titulado «Leonés del año» ya es un motivo de exaltación.

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