EL BAILE DEL AHORCADO | CRISTINA FANJUL
Urkullu desencajado
EL RESULTADO del Partido Socialista en el País Vasco es mucho más que histórico; es la demostración de que llega un momento en el que el bucle se puede romper y los ciudadanos son capaces de iniciar un camino que les haga desterrar el miedo. Mientras, el Partido Nacionalista Vasco continúa con su lenguaje de melancolía fascista y acusa a los ciudadanos de dar un golpe de estado para echarles del poder. Dejando a un lado el hecho de que no es lo mismo hablar así en Madrid que en un lugar donde te matan por disentir, las declaraciones atropelladas e infantiles de Urkullu demuestran que hablar de nacionalismo moderado no es más que una contradicción y que el terror y la coacción no sólo la ejercitan los matones. Dice Patxi López que el Partido Nacionalista Vasco no es ni la religión ni el régimen de Euskadi. Esta declaración tan llena de sentido común es, sin embargo, discutible, y lo es porque cualquier nacionalismo es en sí mismo una religión, una doctrina en la que la que cualquier intento de salirse del dogma es castigado. En unos lugares, la sanción es la muerte social, en otros se aplica la solución final y en todos se va nublando la conciencia de los ciudadanos hasta que la libertad no es más que un recuerdo. Los legionarios del PNV están asustados porque nunca pensaron que la democracia pudiera funcionar, que en esa arcadia donde durante tantos años el miedo soterrado ha sido el único motor de las conciencias, los corderos comenzarían a valar. Desmantelar la dictadura del miedo no será fácil, pero se han puesto las bases para que se cumpla la idea de Jefferson, ya saben, cuando la gente le teme al gobierno, hay tiranía; cuando el gobierno le teme a la gente, eso es libertad. Yo veo a Urkullu un poco desencajado.