CRÉMER CONTRA CRÉMER | VICTORIANO CRÉMER
Algo está pasando...
QUE LA VIDA en la Península Ibérica es siempre difícil, inexplicable y absurda, no hace falta que a nosotros se nos ocurra declararlo, basta con abrir los ojos y escuchar los rumores que se producen en el entorno y se obtiene un perfil lo suficientemente claro y transparente como para adivinar que algo está pasando, que algo se mueve, que algo verdaderamente importante se perfila ante nosotros y nos hace temer que algo nos acosa, ingrato aunque evidentemente.
Desde este rincón del mundo que es España, el leonés concretamente puede confirmar por ejemplo, es un decir que se dice, el Ayuntamiento interanaliza el precio del agua, y nos condena a vivir sin agua, sin vino y sin pan.
Luego ya en el ámbito nacional se produce la dimensión más importante que puede esperarse del ejercicio del poder: Un presidente de todas las presidencias populares del país, en visita que no la quiere el personal contribuyente, presenta la dimisión y explica el suceso con lágrimas en los ojos y se supone que con un cabreo en el alma que echa chispas.
El Real Madrid nada menos, que como todo el mundo sabe o presume es una sociedad que maneja más dineros que el señor Solbes, cambia de rumbo y concede vacaciones al calderoniano que le representaba.
En León, que ya ven ustedes la poca cosa que es y representa ante Valladolid, Burgos, Segovia y Ávila, entre otros pueblos de los Reinos históricos de Galicia y León, por ejemplo, además de condenar a sus habitantes a beber agua del río con los peces provoca la dimisión de Doña Humildad.
Y el gravamen de las basuras que la población crea, nos cuesta un huevo y la yema del otro.
O sea que España está para que la cierren o la propongan para una rifa.
Y cuando en estos y en los otros grados de desesperación nos encontrábamos, con la crisis que no nos deja vivir, un portavoz angélico, desde las pirámides de la gloria anuncia, sin temblarle la voz, que «el Gobierno revisa sus previsiones a la baja y prevé que la dichosa y nunca más condenada crisis tocará fondo a finales del año «009».
La noticia nos dejó estupefactos y animosos porque ello supone no que efectivamente la crisis sea un suceso a recordar y que volverán las oscuras golondrinas sus nidos a colgar, sino que el gobierno una vez más suministra estratagemas para que el personal, en lugar de suicidarse ante la nueva promesa (que no veremos cumplida) obtenga más dosis de confianza, de docilidad, de obediencia debida y siga esperando que efectivamente el señor Gobierno de la Nación dispone ya de los medios necesarios para dominar el siniestro.
Y para que ante la realidad de la persistencia de la desaceleración, sigan dando las gracias a quienes son tan generosos que no saben ya qué truco utilizar para que el buen pueblo siga resistiendo. Sobre todo porque, al decir de los estadistas oficiales y municipales, «el que resiste, gana»...
Y es que nuestros hombres responsables tienen boca de frailes.