Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER | VICTORIANO CRÉMER

La quijotesca pintura de Ramón Villa

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VICTORIANO CRÉMER
León

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QUIZÁ por el atrevimiento del titular este comentario con la sombra del caballero andante por antonomasia, me obligue a explicar la razón de este primer movimiento.

Y es que este pintor leonés, por su movilidad, por su entrometimiento con los acentos peculiares de la escenografía universal tiene algo o mucho de aquel libertador de galeotes y disparador de lecciones de bien vivir.

Lo que caracteriza quizá preferentemente a este nuestro Ramón, serio y activo, es que siente su propia pintura, no como el resultado de un serio y sereno estudio, sino como latido, vibración y música interior de la pintura. Y es que en la relación cordial que nos hacemos cuando nos acercamos a las proximidades de la pintura es un como temblor que mueve sangres alteradas y ansias insatisfechas. Hay pintura de quietismo y pintura de aventura. La de Ramón Villa es de la clase principal que suele avisar por la alteración de los pulsos y de la sangre.

Es pintura en movimiento, frente a la pintura estática de los maestros que se conforman con recortar para sus promociones aquella forma de reproducir la vida que es la desnuda quietud del retrato estricto.

Cuando Ramón se sitúa estratégicamente frente a la obra anunciada, lo que hace en primer lugar es autoescuchar sus sonidos y proponer después su expansión cuando ha conseguido raptar los sonidos, las vibraciones fundamentales. El poeta Cernuda, aconsejaba a los pintores que más que escuchar la música, lo que debieran hacer para recoger su íntimo latido es pintarla. ¡Píntala! repetía al oído del presunto copista de sus propios sonidos.

Ramón no necesita escuchar ninguna voz angélica que le guíe y a inspirado de su propio asombro. Y pinta, emborrona, traduce lo invisible, lo escondido hasta hacer saltar el sonido, la forma, el color y el esqueleto rendido.

Ya tenemos el cuadro, ya está ante nosotros la incógnita: ¿Qué es? Sencillamente el borrón, de que hablaba Goya cuando se veía obligado a explicar sus elucubraciones.

En la Galería «Lancia», ya con más de un cuarto de siglo de exposiciones en sus Salas, se está exponiendo con carácter definitivo una serie de obras que mueven a la emoción del color y de la vibración que esta conjunción, cuando se produce con dignidad y seguridad, produce.

Y tanto se trata de inducir al aficionado a la pintura a descubrir el secreto, el misterio de este juego vibrante de la pintura, como de lo que mueve y sacraliza.

En la obra Goethe desde dentro , de Ortega y Gasset, deja escrito como una señal para no perderse en el laberinto de las deducciones, que «La pintura de nuestro pintor, se ha visto sorprendida por la misma experiencia».

Los adentros del cuadro no son el cuadro mismo: «Es a partir de su proyección en el lienzo, cuando la pintura nace».

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