la opinión del lector
Elpidio, campeón de la vida
Don Elpidio ha muerto. En nuestra vida rutinaria se suceden a diario continuas competiciones. Contamos con campeones de fútbol, de tenis por partida doble, olímpicos y en Copa Davis, campeones de baloncesto, balonmano, ciclismo, etcétera... El aforo del medallero siente necesidad de ampliación inmediata. Se echaba de menos, sin embargo, en nuestras vitrinas, incluidas las nacionales, un campeón de la vida, en la carrera más rutinaria que celebran nuestros calendarios apretados deportivos. Don Elpidio acaba de abandonarnos, todo un campeón, El campeón de la vida. Vida, en primer lugar para sí, siempre sonriente, afable y servicial en grado ejemplar, comprometido consigo mismo y con el servicio humano en un cometido amplio e importante como es el de la educación y el deporte. Todo un servicio humano de calidad, que tanto honra, dentro del gran barrio de Armunia y desde allí a la ciudad entera, durante nada menos que 36 años como profesor del Centro Don Bosco y al frente de las instalaciones y organizaciones deportivas colegiales y externas. Una vida entregada a los demás en cuerpo y alma, no en vano le adornaba el carisma salesiano, atrayente no sólo como profesor estimado dentro y fuera de las aulas a lo largo y ancho de su extenso currículo, sino como coordinador y animador a lo largo de estos años de la actividad deportiva del ámbito colegial y de cuantos tuvieron la suerte de contactar con un salesiano ejemplar y de apreciar su apertura humana y con ella, la de las instalaciones a todo el barrio de Armunia y a muchas entidades de las categorías inferiores y adultas, en especial en la disciplina del fútbol aunque sin olvido de otras. Pero el deporte sólo era una de las numerosas facetas humanas y serviciales que adornaban a nuestro campeón. De ahí el de campeón de la vida, incluida su lucha contra la terrible enfermedad a la que resistió en su último año, siempre con talante sereno e imperturbable a pesar del dolor, sufrido con gran resignación. La ciudad de León y muchos leoneses han tenido la suerte de contar con la vitalidad servicial de un gran hombre, salesiano de Don Bosco. No sólo la ciudad sino también otros habitantes de pueblos de la periferia y más distantes, pudieron hacerse eco de la labor incansable, alegre, en sana pugna competitiva y a la vez responsable en la formación humana de cuantos pudieron enriquecerse con sus cuidados y atenciones. La multitud que se agolpó en el pabellón deportivo del Centro Don Bosco para su funeral, junto con las numerosas coronas y ramos de flores en homenaje hablan por sí solos del reconocimiento, adhesión y respeto a don Elpidio por parte de los asistentes de los clubes deportivos y del público en general. Es cierto que existen entidades de mayor rango y prestigio deportivo que ocultan sin quererlo estos valores más escondidos y en el trayecto diario más olvidados a la hora de un apoyo institucional nos atreveríamos a decir si cabe tratándose de categorías inferiores, en el deporte nos referimos. Pero no son menos dignos de respaldo y de loa personas como Elpidio que no salen cada día en la prensa pero han sabido estar al día a día en apoyo de la juventud desde unas facetas tan importantes como son la deportiva y la Formación Profesional, a lo largo de sus más de 36 años con la juventud leonesa. El lema escogido por los organizadores de la despedida bien merece este pequeño homenaje fúnebre y vital. Todo un acierto. Gracias, Elpidio, campeón de la vida.