Diario de León

AL TRASLUZ | EDUARDO AGUIRRE

Dos bombas, dos pensiones

Eduardo Aguirre
León

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JAPÓN acaba de descubrir que Tsutomu Yamaguchi sobrevivió a las dos bombas atómicas que Estados Unidos lanzó sobre Hiroshima y Nagasaki, ciudades que no eran objetivos militares. El 6 de agosto de 1945 estaba en Hiroshima y su ángel de la guarda, pues la suerte es tema menor, le salvó de morir, aunque no de las dolorosas quemaduras. Tres días después, se encontraba en Nagasaki, y el alado protector volvió a demostrar su eficacia. Que no se haya sabido hasta ahora su condición de doble superviviente demuestra que el hecho es cierto. Guardó silencio porque una parte de su ser murió con aquellos 210.000 civiles a quienes sí alcanzó el gran vómito. La noticia ha dado la vuelta al mundo por la paradoja administrativa de que a sus 93 años no sea merecedor de dos pensiones, pues todo superviviente recibe una. Los estados son muy reacios a reconocer los derechos de los muertos vivientes. Me hubiese gustado que la noticia me informase también sobre si Yamaguchi ha sido feliz, si posibilitó que los demás lo sean; si ha cumplido con una gran misión, por ejemplo: escribir con una bella caligrafía shodo, plasmar hermosos cuadros, vivir una historia de amor que de haber muerto no habría tenido lugar. Llevar a cabo una gran misión no implica necesariamente que le correspondiera partir a salvar la Tierra Media; quizá la salvó y ni él mismo lo sabe; a veces, basta con ser quien mejor da los buenos días en tu propia casa. Una creencia popular japonesa mantiene que hubo «ocho afortunados» que sobrevivieron a ambas bombas, aunque oficialmente no se conocía a ninguno, hasta que apareció Yamaguchi y el debate sobre si tiene derecho a una pensión o a dos. Para mí, está claro: tiene derecho a dos; una para él-¦ y la otra, para el ángel que lo resguardó entre sus alas.

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