EL RINCÓN | MANUEL ALCÁNTARA
El vaticinio
EL G-20 HA APROBADO, por no decir que le ha concedido un sobresaliente, un nuevo orden financiero para hacer frente a la crisis económica. Vamos a ver si ella se deja. Las medicinas económicas avanzan que es una barbaridad, pero no siempre superan la velocidad de las enfermedades, que corren que se las pelan. Como aquel párroco que afirmaba airadamente desde su marmóreo púlpito que a él, en cuanto a modestia, no le ganaba nadie, nuestro presidente, Rodríguez Zapatero, no está dispuesto a que le adelante ningún colega en optimismo y se ha atrevido a establecer el calendario de la crisis. En su opinión, que hay que suponer bien cimentada aunque carezca de apoyos, la recuperación de la economía se producirá a finales de año. No ha dicho a qué hora, ni qué día. Tampoco ha profetizado si será por la mañana o por la tarde.
Qué bien que haya un español que crea que nuestro futuro es mejorable y que, además, ese compatriota sea el que rige los destinos y los desatinos del país. Peor sería que nos augurase la miseria continuada, pero las promesas tienen fecha de caducidad como los yogures y hay gente de muy mala leche que ha tomado nota de la fecha. «La crisis tocará fondo en el segundo semestre del año», ha asegurado. Ojalá los dioses bursátiles, que son los que gobiernan el sistema, se rijan por idénticos calendarios. Mucho tendrán que trabajar los expertos en macroeconomía y mucho tendrán que aguantar los parados, especialistas en microeconomía doméstica. La cifra oficial, que no la real, de desocupados, ha ascendido a 3.605.402 españoles, más los que hayan despedido de su trabajo este sábado, mientras usted pasaba esta página y le proporcionaba un viento fresco. Como a ellos, pero más suave.