Diario de León

EL CORRO | PEDRO VICENTE

La soportable levedad de ser ministro

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PEDRO VICENTE
León

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LA RECIENTE crisis de Gobierno ha vuelto a poner de manifiesto lo efímera que puede llegar a ser la condición de ministro. En sus cinco años de presidente, Zapatero ha nombrado ya a 34. Curiosamente, en estos momentos existen ya tantos ex ministros como ministros en ejercicio, en ambos casos 17. Y en la nueva foto de familia solo permanecen cuatro integrantes del primer Gobierno: Teresa Fernández de la Vega, Elena Salgado, Miguel Ángel Moratinos y Elena Espinosa. De ello se desprende que Zapatero, gran aficionado al baloncesto, mueve el banquillo casi con parecida facilidad con la que lo hacen los entrenadores de ese deporte. Rara es la cartera por la que en este quinquenio no han desfilado ya tres titulares diferentes. En algunos casos sin apenas tiempo para entrar en materia, como le sucedió a Carmen Chacón en el ministerio de Vivienda, donde la actual ministra de Defensa significó un breve paréntesis entre su antecesora y su sucesora. Sea a causa de la paridad de géneros, por la observancia de cuotas territoriales, o por sobrevenidos compromisos presidenciales, lo cierto es que la figura de ministro o ministra kleneex está proliferando con Zapatero. César Antonio Molina y Bernat Soria, dos ministros de acreditada competencia en sus respectivas materias, son los últimos ejemplos. Nombrados en su momento para dar lustre al Gobierno, han sido sacrificados ahora sin ningún miramiento en aras de otros equilibrios que solo el presidente conoce.

Afortunadamente para ellos la que no es precisamente efímera es la cesantía que acompaña la salida del Gobierno: una pensión de carácter vitalicio compatible con cualquier otra remuneración, por ejemplo con la de diputado del Congreso, condición que ostentan Molina, Soria y los otros tres damnificados en esta ultima crisis, Pedro Solbes, Magdalena Álvarez y Mercedes Cabrera.

Mientras, la que se ha esfumado por completo es la presencia de ministros vinculados a Castilla y León. Desde que cayó Mariano Fernández Bermejo, dicha presencia quedó extinguida, sin que Zapatero haya tenido a bien restablecerla. Antes de que saliera Fernández Bermejo, quién se había incorporado mediada la anterior Legislatura, habían desaparecido los tres ministros con raíces castellanas o leonesas integrantes del primer Gobierno. La primera en cesar fue aquella olvidada ministra de Educación llamada María Jesús Segundo, sacrificada en el mismo reajuste de Gobierno en el que José Antonio Alonso cedió la cartera de Interior a Rubalcaba para sustituir a Bono en la de Defensa. Luego, tras las elecciones generales, fueron el propio Alonso y Jesús Caldera quienes se vieron apeados del Gobierno. Bien es verdad que nada tuvo que ver el caso del primero, reconvertido a portavoz del grupo parlamentario socialista, cargo equiparable al de ministro, con el del segundo, enviado por Zapatero al limbo de esa nueva Fundación del PSOE de la que nunca más se ha sabido.

El hecho es que, en contraste con la nutrida representación gallega -nada menos que cuatro paisanos en el escalafón ministerial- Zapatero ha reducido a cero nuestra cuota territorial. Tendremos que resignarnos, qué remedio, con la pedrea de las secretarías de Estado. Y gracias.

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