Diario de León
Publicado por
DAVID MATHIESON
León

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LEGADO es una palabra muy codiciada por los presidentes. Es lo que quieren dejar a perpetuidad a sus países, después de que las luchas internas insignificantes de sus administraciones o las peleas diarias con el Congreso hayan sido olvidadas por todos. Y en EE UU no es distinto. Para Eisenhower, su legado fue la construcción de las autopistas interestatales y para Bill Clinton, la «supervía» de la informática. El proyecto de Reagan supuso refundar la economía estadounidense y George Bush procuró que «ningún niño quedase atrás». John Kennedy quiso llevar su generación a la Luna.

El proyecto de Obama pasa por promover una transformación radical en los sistemas de transporte y electricidad, con inversiones masivas en la energía renovable y la red ferroviaria de alta velocidad. Se ha comprometido a producir nada menos que una «revolución verde energética» que matará dos pájaros de un tiro: creará empleo en la crisis actual y reducirá el calentamiento global. El programa de inversión de Obama se sitúa en un momento muy propicio, porque hasta ahora EE. UU. no ha dedicado los suficientes esfuerzos económicos a las nuevas tecnologías. Como constató recientemente un experto ante el Senado, de las 30 empresas más importantes que trabajan en energía solar, eólica o baterías avanzadas sólo seis son estadounidenses. «Es un hecho que debería preocuparnos», concluyó. A su juicio, la red eléctrica actual no es adecuada para la transmisión de las nuevas formas de energía, los productores de la tradicional no tienen que asumir los costes de sus emisiones y durante la última década la inversión en renovables ha sido escasa.

Un informe elaborado por el Center for American Progress lo confirma. En lo que va de siglo, Estados Unidos se ha quedado por detrás de países como Canadá, Japón, Alemania, España y Corea del Sur en la inversión pública en energías renovables. Incluso ahora, según esos mismos cálculos, el país va a destinar menos recursos que China al desarrollo de esas fuentes energéticas y de la red ferroviaria más avanzada. A Obama aún le queda bastante trabajo para lograr su legado.

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