Diario de León

LA ASPILLERA | VICENTE PUEYO

Cultura joven

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VICENTE PUEYO
León

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HA HABIDO, sigue habiendo, innumerables intentos de definir la cultura. Eso que el diccionario resume escueta y acertadamente como «conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico». Y que el túnel del tiempo de la etimología conduce hasta «cultivo, crianza», el «cultus anima» de los latinos. En determinadas actividades culturales de nuestros días sigue latiendo con claridad este concepto esencial: el del cultivo de uno mismo. Y cuando hay jóvenes por medio todo esto cobra una especial trascendencia.

Esta tarde, en el Auditorio Ciudad de León, tiene lugar un acontecimiento profundamente cultural de la mano de la Orquesta y el Coro Ángel Barja de Juventudes Musicales, adscritos a la Universidad de León. Quizá la iniciativa no tiene, de partida, el relumbrón de los grandes nombres traídos a golpe de talonario pero es algo muy nuestro y muy relevante lo que allí se va a ofrecer. Porque, por encima del escogido y valiente programa, (en el que tendrá un especial protagonismo la Misa Tango del argentino Luis Enriquez Bacalov, nunca antes escuchada en León), lo realmente sustancial es el trabajo ilusionado de varios meses que hay detrás. La capacidad, el amor por el trabajo bien hecho, la energía y la vitalidad de estos jóvenes choca frontalmente con muchos estereotipos que arrastramos sobre «la juventud». Basta con abrir puertas y caminos para que este filón ofrezca sus mejores destellos.

Por eso, no estaría mal que las instituciones se tomaran de una vez en serio estas manifestaciones culturales «de base» que son una fuente de respeto y tolerancia para hoy y para el futuro. Ya se sabe que lo más fácil es tirar de chequera y dejarse llevar por la corriente de los canales culturales convenientemente manejados. Están muy bien, por poner un ejemplo cercano, el Musac y su sana capacidad de revulsivo sociocultural, pero se conmueven las entretelas cuando se calcula a cuanto nos sale el kilo de exposición y cuando se reflexiona sobre lo que se podría hacer con esas millonarias inversiones en ese desierto cultural que es la provincia de León en cuanto se sale de la capital o de Ponferrada. Este desequilibrio sume en la perplejidad a cualquiera que no quiera cerrar los ojos a la realidad de una pr ovincia cuyos pueblos, que en su día formaban un rico mosaico cultural, languidecen hoy en un sopor mortal.

Falta mucho por hacer a la hora de propiciar canales de difusión adecuados para los creadores más jóvenes. Y no digamos, las carencias en lo que concierne a la (manifiestamente mejorable) educación artística en los colegios. Y ahí está la tiranía de las productoras que, en todo ese universo de músicas pop, rock, heavy, disco, punk... son maestros en marcar gustos y tendencias a la medida del mercado, de su mercado. La cultura es eso también, no se trata de poner fronteras, pero hablamos de algo más profundo. De, como señala la declaración de la Unesco, «la capacidad del hombre de reflexionar sobre sí mismo; en la cultura el hombre se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca nuevas significaciones y crea obras que lo trascienden». De eso hablamos.

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