Diario de León

la opinión del lector

Carta a don Antonio Pereira

Publicado por
M.ª Rosario González (diplomada en Trabajo)
León

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Querido don Antonio: Como a todas las personas que tuvimos el privilegio de conocerle, me sorprendió y entristeció profundamente la noticia de su fallecimiento. Yo le veía desde pequeña, pasear calles y plazas ensimismado u observando los árboles, las gentes, la vida. Luego reí y me emocioné con sus cuentos y poemas. En el año 2001 y siendo coordinadora del Programa Añoranza, pensé que sería interesante que nuestros compatriotas emigrados, en este caso a Chile, Venezuela y Cuba, disfrutaran de su palabra, como en anteriores ediciones lo habían hecho con otras relevantes personalidades de las letras leonesas. Inmediatamente aceptó complacido nuestra invitación. Su charla, cargada de experiencia, de sabiduría, de gracia, de respeto y ternura hacia nuestros compatriotas, hizo que sus rostros se iluminaran y apareciera en sus ojos alguna lágrima. Luego les pidió que fueran ellos quienes contaran sus vivencias y el diálogo se prolongó hasta la hora del almuerzo. Porque usted, don Antonio, no sólo era un gran conversador sino un gran escuchador. Un hombre cercano, observador, curioso, lleno de humanidad y comprensión. En el almuerzo nos acompañó su discreta y encantadora esposa, Úrsula, a cuyo dolor ahora nos unimos. Circunstancias personales me impidieron seguir cultivando la amistad con ambos como hubiera sido mi deseo, pero su imborrable recuerdo me sigue conmoviendo y gratificando. Don Antonio, me alegro de que haya regresado a Villafranca, ese «vergel deleitoso» en el que vio la luz y al que tanto amaba. Allí renacerá cada primavera en todos y cada uno de los cerezos, en todas y cada una de las vides, madurará y se ofrecerá cada otoño a sus paisanos villafranquinos y leoneses, a sus compatriotas, al mundo. Nos dirá con su gesto de bonhomía: «Tomad, comed y bebed de estos frutos, en ellos os entrego de nuevo mi palabra, mi esencia, mi amor». Termino mi carta-homenaje a su recuerdo, con unos versos de su poema El regreso: «Vuelvo a lo mío / a hincarme de raíces en el suelo / mi suelo de verdades». Y dijo Dios: «hágase tu voluntad».

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